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La manera de ganar

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23.07.2026

Ya han pasado algunos días desde que somos campeones del mundo y todavía me sorprende escribirlo. Campeones del mundo. Lo he dicho en voz alta varias veces, a solas, a ver si de tanto repetirlo me lo creía. Ganar. Hasta la palabra me suena rara: en este país aprendimos a pronunciarla bajito, no fuera a oírnos la mala suerte.

Y, sin embargo, lo importante no es que hayamos ganado. Es cómo.

De eso quería escribir. No del resultado, que se lo saben de memoria hasta las piedras, sino de la manera. Del modo en que ganan estos chicos, que no se parece a ninguno de los que yo conocía. Y del hombre que los dirige, que en esto tiene mucho que ver.

En el minuto 119, los míos, mis hijos, me agarraron del brazo. No dijeron nada.

Messi había levantado la cabeza en la banda derecha y en aquel segundo volvieron todos los fantasmas que ellos no conocen: esa costumbre nuestra de presentir la desgracia un minuto antes de que ocurra. El centro entró en el área. Cubarsí, diecinueve años, lo mandó a córner sin despeinarse, como quien retira un plato de la mesa.

Los míos me soltaron el brazo.

Yo tardé bastante más en volver.

Cuarenta días antes yo no le había dado la razón a Luis de la Fuente. España tiene cuarenta y nueve millones de seleccionadores y yo, aquel día, era uno más: discutí una lista, un once y un cambio con la autoridad moral de quien no ha entrenado en su vida ni al equipo del patio del colegio. Unos días después se la di. El domingo se la di del todo, y sin que me doliera, que es lo raro.

Perdóname, Luis. Prometo no volver a hacerlo.

Los dos sabemos que miento.

De la Fuente es un tipo tranquilo. Habla bajo y no necesita levantar la voz para que se le note el carácter, que lo tiene y mucho. Toma decisiones difíciles y las sostiene aunque medio país esté convencido de que se equivoca. Y luego resulta que no. Y encima no te lo restriega, que es una forma de elegancia bastante poco española y, desde el domingo, completamente española.

He pensado mucho en él estos días. En que un equipo termina pareciéndose a quien lo dirige. Estos chicos ganan como él gana: sin ruido, fiándose de lo trabajado, sin humillar a nadie y sin pedir perdón por hacerlo bien. La manera de ganar del entrenador se les ha metido en las piernas.

Porque yo aprendí a desconfiar. Crecí, en los ochenta y los noventa, viendo a la selección salir a los Mundiales pidiendo perdón por........

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