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Cuando te llaman “hijo de puta”

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El virus del insulto se ha inoculado en esta sociedad gracias a quienes recurren a él como método para imponer su ideología y denigrar a las personas que piensan distinto. La democracia está enferma y no existe cirugía ni medicamento alguno que la salve. Hemos pasado de exigir derechos y libertades tras casi cuarenta años de dictadura franquista, y con el coste incluido de muchas vidas de por medio, a destruir los pilares de una sociedad racional que trabaja por el desarrollo plural y heterogéneo.

La autoridad del Gobierno se cuestiona por la derecha y la extrema derecha, utilizando a sus milicias para promover el autoritarismo. Para ello, alientan el discurso del odio para incendiar a las masas y convencerlas de que la violencia es el camino para restaurar el orden. Aquellos que se llaman demócratas, buenos cristianos de cara a la galería y defensores acérrimos de la Constitución, la Monarquía y la familia tradicional, son los mismos que sonríen orgullosos ante el resurgir de la camisa azul, las correas, las botas de cuero pisando firme en el suelo, las cabezas rapadas y el saludo fascista. El campo de la aversión está sembrado y la cosecha será abundante. 

El insulto en público se ha convertido en su arma, como si creyesen que con ello triunfarán. En realidad, es una simplificación de su discurso vacío, una muestra de su falta de diálogo y argumentos. El grito “hijo de puta” es su nuevo credo, la carta de presentación de quienes no tienen respeto ni valores. A decir verdad, transmiten el mensaje de que, si pudieran, apalearían a los que opinan de........

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