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Ni ''tontos'' ni tantos

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03.08.2026

Son muchas las páginas y memes en que en nuestros días se recurre al insulto como único argumento contra quienes, siendo personas trabajadoras empobrecidas o jóvenes sin vivienda e independencia económica, sin embargo, acaban sosteniendo discursos que parecen ir contra los propios intereses de su clase y votando a opciones conservadoras y ultraconservadoras.

Todos los días podemos leer diagnósticos de este tipo: “fachapobres”, “ignorantes”, “incultos”, “estúpidos” y demás calificativos dentro del mismo rango de desprecio. Y esos insultos proceden, con demasiada frecuencia, de personas y grupos de la izquierda mediática.

¿Confundir una decisión política con una incapacidad intelectual permite realmente comprender este fenómeno o nos aleja de ello? ¿No se esconde un desinterés real por la gente y sus problemas de siempre?

En el mundo clásico ya se conocía este modus operandi. Por ejemplo, Tucídides señalaba hace veinticinco siglos que el temor incidía en el juicio político, porque cuando las personas se reconocen inseguras, la coherencia ideológica no es un objetivo preocupante; se ocupan antes de su protección porque el miedo reduce el horizonte de decisión y desplaza la reflexión hacia la supervivencia súbita. Como cuando recibimos un pisotón: retiramos el pie de inmediato al extremo contrario, por instinto de protección, aunque al otro lado haya un abismo. Recordaré cómo de niña, mientras me ahogaba en el mar, por puro instinto de conservación de la vida, intentaba apoyarme con fuerza en la persona maravillosa que me socorría, hasta el punto de que requirió ayuda externa, pese a casi duplicarme en tamaño y peso. Una no se pregunta si es coherente intentar hundir a quien la rescata. El instinto no deja tiempo para esas preguntas. No tiene tiempo de eso. En la hostelería, por ejemplo, con horarios agotadores de apertura y cierre, adaptados a las exigencias del turismo, ajeno a los ritmos biológicos de quienes trabajan, con sueldos míseros que........

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