La impotencia de la excelencia
Las horas actúan como un bálsamo necesario para la digestión futbolística. Ya en frío, alejado del pitido final en el Carlos Tartiere y de las pulsaciones a mil por hora, la palabra que sigue resonando en la cabeza es “impotencia”. El fútbol tiene estas cosas incomprensibles: lo que sobre el papel es una bendición absoluta, en el césped puede convertirse en un laberinto sin salida.
La primera parte del Getafe invitaba al optimismo. El equipo convencía, llevaba la batuta y dominaba la situación. Sin embargo, presenciamos cómo un bloque entero puede cortocircuitarse, irónicamente, cuando pasa a jugar en superioridad numérica. No creo que fuera una cuestión de actitud ni de falta de ganas; fue, simple y llanamente, una alarmante falta de claridad. En el último tercio de campo, allí........
