2026: la hora de elegir entre el ruido y la reconstrucción
Las elecciones generales de 2026 llegan en un momento extraño del Perú. No es solo cansancio político; es algo más hondo. Una sensación de desgaste moral, de instituciones frágiles, de promesas repetidas que ya nadie cree del todo. Como periodista y sociólogo, he visto cómo el debate público se ha ido empobreciendo: menos ideas, más consignas; menos propuestas, más indignación administrada. Y, sin embargo, este proceso electoral puede ser una inflexión real si se lo mira con seriedad.
Durante los últimos años, el país ha sido gobernado —formal o informalmente— por una lógica que privilegia el discurso antes que la gestión. Mucha épica verbal, poco Estado funcionando. Se habló en nombre del pueblo, pero se gobernó sin método; se invocó la justicia, pero se debilitó la ley; se prometió inclusión, pero se terminó normalizando la precariedad. El resultado está a la vista: servicios públicos colapsados, desconfianza generalizada y una ciudadanía que ya no espera demasiado.
Ese agotamiento explica por qué el 2026 no será una elección más. No se trata solo de nombres o siglas, sino de enfoques. Hay un sector amplio del electorado que empieza a valorar algo que durante años fue caricaturizado: el orden........
