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Trumpismo fascista y guerra imperial: Irán, Ucrania y Venezuela

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20.03.2026

El gobierno de Donald Trump encarna hoy una fase abiertamente fascistizante del imperialismo estadounidense, en la que se articulan aparatos militares, fracciones del gran capital financiero, complejo energético-minero y poder tecnológico para reordenar coercitivamente la economía capitalista “occidental”. Desde una lectura de materialismo histórico y dialéctico, puede sostenerse que las guerras y agresiones en Irán, Ucrania y Venezuela expresan una misma lógica: la defensa violenta de la hegemonía del capital imperialista estadounidense en crisis, frente al ascenso de China y al desplazamiento geoeconómico hacia Eurasia y el Sur Global.

Bajo esa unidad profunda, las diferencias nacionales y culturales son subordinadas a una estrategia común de guerra contra China, que pasa por el estrangulamiento de Irán, la instrumentalización de Ucrania y la recolonización de Venezuela como reserva de energía fósil, minerales estratégicos y tierras raras para el capitalismo digital del siglo XXI.

El imperialismo no es una desviación moral o una anomalía de la democracia liberal, sino la forma concreta que adopta el capitalismo monopolista y financiero en su fase de concentración extrema de capital, mundialización de las cadenas de valor y competencia interestatal por la apropiación de plusvalía y recursos naturales a escala global. La crisis estructural del capitalismo posterior a 2008, profundizada por las disputas tecnológicas, las transiciones energéticas y las fracturas de las cadenas logísticas durante la pandemia, produce condiciones en las que Estados Unidos busca recomponer su tasa de ganancia mediante la captura directa de territorios y recursos, apoyada en un discurso nacionalista-chauvinista que desplaza hacia enemigos externos (China, Irán, Rusia, “regímenes socialistas”) las contradicciones internas de su propio orden social.

Es ese desplazamiento lo que alimenta las tendencias fascistizantes del trumpismo: militarización de la política exterior, criminalización del disenso interno, supremacismo civilizatorio y desmantelamiento de cualquier límite jurídico internacional a la violencia estatal.

En este marco, el fascismo no se reduce a formas estéticas o retóricas, sino que se expresa como síntesis reacción entre fracciones del capital financiero-energético, aparatos militares y complejos mediático-culturales, orientados a reorganizar autoritariamente la sociedad y el sistema mundial para asegurar la continuidad de la acumulación capitalista. Las decisiones de Trump de intervenir militarmente en Venezuela, de coordinar ataques con Israel contra Irán y de intensificar la confrontación en torno a Ucrania no son caprichos personales, sino momentos de una misma estrategia: disciplinar territorios clave, reorientar flujos de energía y minerales hacia el bloque “occidental” y fracturar los vínculos económicos que esos países habían tejido con China, Rusia y otros polos alternativos.

Sobre esta base, se desarrollan tres argumentos centrales que permiten afirmar que, en Irán, Ucrania y Venezuela, “la guerra es la misma” desde la lógica del imperialismo, aunque se implementa con narrativas particulares en cada caso.

“Guerra por la Reconfiguración Energética del Capitalismo Occidental”

El primer argumento sostiene que las intervenciones en Irán, Ucrania y Venezuela forman parte de una guerra por la reconfiguración del mapa energético mundial en beneficio del capital estadounidense y sus aliados, en una fase de transición energética contradictoria donde el petróleo, el gas y las “energías verdes” coexisten como campos de disputa por la hegemonía. Desde el materialismo histórico, la energía no es un mero recurso técnico, sino la base material de la reproducción ampliada del capital: definir quién controla el petróleo del Caribe, el gas eurasiático o las rutas de exportación del Golfo Pérsico significa definir quién controla el nervio energético de la acumulación capitalista global.

En Venezuela, la detención de Nicolás Maduro y la apertura forzada del sector petrolero a empresas estadounidenses muestran de forma descarnada la lógica del “imperialismo energético” definida por analistas. Venezuela posee reservas........

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