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Delcy Rodríguez y los cambios en el gobierno. ¿Cuál es el significado de la destitución de Vladimir Padrino López como ministro de la Defensa?

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19.03.2026

Delcy Rodríguez destituyó este miércoles a Vladimir Padrino López tras más de una década como ministro de Defensa en Venezuela, en un movimiento de alto calado político-militar dentro de la cúpula del gobierno, luego del secuestro de Nicolás Maduro y el ataque militar del 3 de enero por parte de Estados Unidos. Como relevo, designó a Gustavo González López, quien venía desempeñándose como comandante de la Guardia de Honor Presidencial.

Imagen de referencia. Delcy Rodríguez, habla junto al entonces ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino, durante un desfile militar, el 13 de mayo de 2025.

Además de la destitución de Padrino López, Delcy Rodríguez realizó otros cambios en el gabinete de gobierno este miércoles 18 de marzo, como la remoción del ministro del Trabajo, Eduardo Piñate, y la designación del magistrado Carlos Alexis Castillo en esa cartera. También efectuó cambios en el Ministerio del Transporte, nombrando a Jacqueline Faría en sustitución de Aníbal Coronado, a la profesora Ana María Sanjuán como ministra para la Educación Universitaria y al ex Fiscal General, Tarek William Saab, como Jefe de la Gran Misión Viva Venezuela. En semanas anteriores, había realizado otras modificaciones en ministerios y viceministerios. Sin embargo, el caso del general Vladimir Padrino López adquiere una relevancia particular.

No se trata simplemente de un relevo burocrático en la cúpula militar, sino de un movimiento que condensa una crisis orgánica en el contexto abierto por la operación de intervención militar estadounidense del 3 de enero. A todos los efectos, Delcy es la autoridad que ha emergido tras el secuestro de Maduro. Con los cambios que se vienen realizando, y sobre todo, en el ministerio de la Defensa, lo que tenemos ante nosotros es una reconfiguración del poder, y Delcy Rodríguez es la pieza clave de esa ingeniería que reestructura el poder en función del régimen neocolonial que impone el imperialismo.

La remoción de Padrino López, uno de los pilares más longevos y estables del chavismo debe leerse como parte de esta nueva reconfiguración bajo la nueva situación política imperante en Venezuela. Durante más de una década, Padrino López fue mucho más que un ministro de Defensa. Desde su nombramiento en 2014, se convirtió en el garante fundamental de la cohesión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y, por extensión, de la supervivencia del chavismo gobernante en todo ese tiempo de gran agitación política. También fue el operador político que garantizó la lealtad de la alta oficialidad y, por tanto, el garante militar de un orden.

Fue Padrino López junto con Maduro quien construyó la doctrina de la "unión cívico-militar" como un escudo defensivo que, en la práctica, sirvió para militarizar cada vez más la política nacional y evitar incluso las embestidas golpistas de los últimos años como la de Juan Guaidó en enero del 2019 y luego bajo María Corina Machado, que a toda costa buscaron quebrar las Fuerzas Armadas. Luego devino la "unión cívico-militar-policial perfecta" anunciada por Maduro, fundamentalmente después de la represión a las protestas postelectorales ttras el fraude electoral, que derivó en miles de detenidos, principalmente de sectores populares, a partir del 29 de julio de 2024. En todo esto Padrino López jugó un papel clave.

La remoción de Padrino López Pero estaría despejando el camino para una reestructuración de la Fuerza Armada bajo los esquemas del tutelaje externo. Fuera del Ministerio de la Defensa, es un paso abierto a cambios en el alto mando de la estructura militar y destitución en el generalato. Padrino López es General en Jefe y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), cargo del que podría ser removido. Es que durante sus casi 12 años como Ministro de la Defensa, se consolidó como el líder de la estructura formal de la FANB, comandando el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, lo que suma más de 150,000 efectivos. Con todo esto ha sido el principal garante de la lealtad de los cuarteles.

Por ello, muy probablemente, las causas de su remoción deben buscarse en las negociaciones opacas que se llevan a cabo en los despachos donde se decide el futuro de los recursos estratégicos de Venezuela, de la mano de Estados Unidos y con el colaboracionismo de Delcy Rodríguez. Es ella quien muestra disposición a reconfigurar el aparato estatal en función de las nuevas condiciones impuestas por Washington.

En tal sentido, la continuidad de Padrino López luego del 3 de enero y en el marco del tutelaje de Donald Trump, y la necesidad de cambios en el alto mando militar pudo haber comenzado a ser vista como un obstáculo tanto para la recomposición interna como para las negociaciones externas que se abren en el nuevo escenario. En este marco, el movimiento de Delcy Rodríguez puede deberse a múltiples determinaciones: la presión del imperialismo estadounidense, la necesidad de reorganizar el mando militar ya que, seguramente, la administración Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, les estaría dejado claro al aparato gubernamental venezolano que la "transición" requiere un reordenamiento de los mandos militares.

El personaje del nuevo ministro de la Defensa

Por lo que todo indica, la remoción de Padrino López es funcional a los nuevos tiempos políticos y a la "transición" señalada por Trump, pues su destitución no responde a la búsqueda de un perfil menos represivo, ya que la trayectoria de Gustavo González López al frente del SEBIN está marcada por informes que lo vinculan con violaciones sistemáticas a los derechos humanos, torturas y detenciones arbitrarias.

Hay una importante diferencia de Gustavo López con respecto a Vladimir Padrino López en cuanto a una menor ascendencia en las Fuerzas Armas. Su influencia se ha centrado en los aparatos de seguridad e inteligencia (SEBIN, DGCIM y Guardia de Honor Presidencial). Su perfil es de control político y contrainteligencia más que de liderazgo operativo sobre los componentes militares regulares, como lo ha sido Padrino López. Se ha desempeñado como Director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en dos periodos (2014-2018 y 2019-2024), además de dirigir la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y la Guardia de Honor Presidencial, siendo en el 2015 Ministro del Interior, Justicia y Paz.

La designación de Gustavo González López, un personaje que no es nuevo en los sótanos del poder venezolano, como nuevo ministro de Defensa es, en este sentido, también significativa. Desde el 6 de enero, ejercía como comandante de la Guardia de Honor Presidencial, una institución militar de élite encargada de la protección del palacio de gobierno y del entorno más íntimo del poder. Además, este individuo, exdirector de la DGCIM, es un hombre formado en las sombras de los servicios de inteligencia. En octubre de 2024 Maduro lo reubicó en Petróleos de Venezuela (PDVSA) como intendente de Asuntos Estratégicos, en ese momento algunos analistas leyeron el movimiento como un distanciamiento de Diosdado Cabello, figura a la que históricamente había estado vinculado.

Pero aún es muy temprano para ver por su parte el significado real de Gustavo López en su nuevo cargo como ministro de la Defensa, o si es algo provisorio. El secretismo en las esferas de poder, y sobre todo cuando se trata de militares encierra muchas incógnitas. Es que ante una mutación en la forma del poder estatal que se estaría operando, está también la supervivencia de la propia burocracia chavista, y esto envuelve a sus distintas camarillas gobernantes.

Cuando el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó Venezuela se pudo ver al mayor general Gustavo González López, entonces jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y comandante de la Guardia de Honor Presidencial, saludándose y sonriéndose alegremente. Según fuentes del propio gobierno de Estados Unidos, González López se reunión con el propio Ratcliffe, donde la agenda habría incluido cooperación en inteligencia y otras cuestiones claves internas de Venezuela.

Como hemos venido señalando, tras la brutal agresión imperialista —que incluyó el descabezamiento del gobierno con el secuestro del jefe de Estado y su esposa— la decisión de la casta gobernante ha sido la de preservarse lo más posible a cambio de administrar la entrega nacional. Hasta ahora, han transado su supervivencia como casta a cambio de entregar el país. Estamos ante un gobierno tutelado que también se beneficia de su nuevo papel junto al imperialismo estadounidense, y es en función de ello que se explican los distintos movimientos en el alto escalón gubernamental.

Mientras la casta gobernante se reacomoda en su nuevo papel de tutelaje y colaboración con Estados Unidos, la tarea urgente de la clase trabajadora es organizar la resistencia contra este tutelaje humillante, rechazando tanto la intervención imperialista como la entrega neocolonial que ejecutan quienes hoy, desde la rendición nacional, pretenden seguir gobernando para los intereses del capital transnacional.


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