Venezuela no se anexa
La idea de que Venezuela pueda convertirse en el "estado 51" de los EEUU no es una ocurrencia inocente ni una simple extravagancia verbal de Donald Trump. Es una afirmación profundamente agresiva desde el punto de vista político, histórico y moral. Y precisamente por eso no puede ser trivializada, celebrada ni reducida a una "mamadera de gallo".
Cuando Trump insinuó nuevamente la posibilidad de anexar Venezuela, reactivó una narrativa imperial que América Latina conoce demasiado bien: la pretensión de las grandes potencias de decidir el destino de otros pueblos como si se tratara de territorios disponibles para sus intereses estratégicos. No se trata únicamente de una frase desafortunada o provocadora. El contexto la vuelve aún más grave.
Durante años, Venezuela ha sido sometida a sanciones, bloqueos y presiones internacionales que golpearon directamente a la población. Millones de venezolanos sufrieron el deterioro de los servicios públicos, el colapso económico y el drama de la migración forzada. Todo ello en el marco del peor gobierno y el peor saqueo de la historia política venezolana. Y ahora, sobre esas ruinas, emerge una narrativa que pretende presentar la subordinación nacional como una alternativa política aceptable.
Primero vino la presión económica. Luego la intervención sobre nuestra vida institucional. Después la invasión, el plan tecnócrata de dejar a los mismos "administrando el desastre" para evitar........
