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¿Puede el Sol abolir al Estado? Cuando la revolución de 1917 dialoga con un sueño solar del siglo XXI

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26.04.2026

Vladimir Ilich Lenin fue el hombre que tomó el Palacio de Invierno. El que creyó que el Estado —esa máquina de opresión de una clase sobre otra— podía ser destruido mediante la violencia revolucionaria y reemplazado por una dictadura del proletariado que, gradualmente, se extinguiría. El que demostró, con hechos, que el capitalismo no es eterno. Que otro mundo es posible. Que la humanidad puede tomar su destino en sus manos.

Y también fue el hombre cuyas consecuencias —la burocratización, el autoritarismo, el hambre, los gulags— nos enseñaron que el poder concentrado, incluso con las mejores intenciones, se pudre. Que el Estado, una vez tomado, es difícil de extinguir. Que se eterniza. Que se convierte en una nueva clase dominante.

Frente a esa herencia contradictoria, el Solarismo que planteo propone otra vía: no tomar el Estado para luego extinguirlo, sino distribuir el poder desde el principio. No concentrar la energía para luego socializarla, sino generarla donde se consume: en espacios ciudadanos, en cooperativas, en techos compartidos. No esperar a que una vanguardia iluminada nos guíe, sino construir espacios donde cada voz cuente.

Lenin pregunta, desde su siglo, algo que resuena como un desafío: "¿Puede el Sol abolir al Estado?"

Mi respuesta es que el Sol, por sí solo, no puede nada. Pero una civilización organizada en torno al flujo........

© Aporrea