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Venezuela a oscuras: capacidad instalada, corrupción y el límite de la paciencia social

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05.08.2026

En los sistemas eléctricos donde existe planificación real, los fenómenos climáticos no son excusas sino variables previstas. Sequías, olas de calor o eventos como El Niño forman parte del cálculo técnico que permite anticipar contingencias y activar respaldos operativos sin afectar de forma severa a la población. En Venezuela, sin embargo, la narrativa oficial vuelve a colocar en el clima la responsabilidad de una crisis estructural que lleva años gestándose. El reciente anuncio de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sobre un "Plan de Ahorro de Energía Eléctrica y Agua" ante la llegada de un supuesto "Súper Niño", no hace más que reiterar un patrón: atribuir a factores externos lo que en esencia responde a fallas internas acumuladas.

La justificación oficial se apoya además en los daños provocados por el doble terremoto del 24 de junio, señalando afectaciones en torres, líneas de transmisión y la planta Termocarabobo. Sin embargo, esta explicación choca con la experiencia cotidiana de millones de venezolanos que padecen racionamientos, apagones y fluctuaciones eléctricas de forma sistemática desde hace más de una década. El problema no radica en El Niño, sino en la ausencia de mantenimiento, inversión y gestión transparente, sumado al colapso del parque termoeléctrico, que hoy opera muy por debajo de su capacidad. Mientras en países como Brasil o Colombia estas plantas funcionan como respaldo inmediato ante la caída de los embalses, en Venezuela la dependencia casi absoluta del Guri convierte cada sequía en una amenaza crítica, evidenciando la fragilidad de un sistema eléctrico abandonado.

Hablar del sistema eléctrico venezolano es hablar de una paradoja que roza lo absurdo: un país con una de las mayores capacidades instaladas de generación en América Latina, pero sometido a racionamientos diarios, apagones prolongados y una incertidumbre energética permanente.

En teoría, Venezuela cuenta con aproximadamente 16.000 MW de capacidad termoeléctrica instalada, a lo que se suma una capacidad hidroeléctrica similar o incluso superior, sustentada principalmente por el complejo del Bajo Caroní, donde destaca la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar (Guri). A esto habría que añadir los 2.160 MW que debió aportar la Central Hidroeléctrica de Tocoma, un proyecto inconcluso que simboliza tanto la ineficiencia como la corrupción estructural del sector.

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué un país con esta capacidad vive en penumbra?

La respuesta no es técnica, sino política y estructural. El........

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