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El discurso eufórico de ayer, el discurso del avasallado de hoy…

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friday

Una revolución necesita todos los días el fuego sagrado de las palabras. Eso aquí ya no existe. Uno lee que en la época de la revolución francesa hubo millones de seres que sólo alimentaban sus espíritus y sus cuerpos, con los discursos y juicios sublimes de Georges Danton, Maximilien Robespierre, Camille Desmoulins, Jean-Paul Marat, Louis Antoine de Saint-Just («El Arcángel del Terror»)… nosotros en Venezuela, entre 1810 y 1812, tuvimos notables oradores (Miranda, Peñalver, José Cortés de Madariaga, Miguel Peña, Juan Germán Roscio, Francisco Javier Yanes…), alma y fuego del gran espíritu revolucionario de la época, sobre todo durante los primeros años de la Independencia, destacándose Bolívar como el más claro, sincero y profundo de todos…

Luego vino el Comandante Chávez y sacó a este pueblo del vil letargo de casi dos siglos, y le dijo como Jesús a Lázaro: "-Sal, fuera y camina…". Con él tuvimos un gran visionario, líder y orador.

Ahora, enciende uno el televisor y lo que hay es deporte. Deporte en la mañana, al mediodía, por la tarde y en el resto de las horas de mayor audiencia. Posteriormente en la noche buscamos algún aliciente de tipo popular, alguna señal todavía de aquellos sueños propios, de aquellos aires en busca de nuevos horizontes (luego de haber tenido tantos), y no hay en las pantallas de VTV que chamos corriendo tras una pelota. Nada de movilizar al pueblo, porque esto al parecer como que produce escozor y también algo de pánico en los que temen inmolarse. Todo el mundo anda en plan de querer vivir mucho, morirse de viejo o no morirse nunca. O seguir así, muerto en vida. Por otro lado, y esto también influye mucho, los bolsillos no están para que caiga la Bolsa, ni se disparen los desconciertos cuando no sabemos cómo pintan las acciones dentro de las Fuerzas Armadas, si están o no con el pueblo. Quién sabe cómo está la cosa en........

© Aporrea