La farsa del “diálogo” al servicio del despojo laboral y la verdad detrás del discurso de la “imposibilidad” empresarial
En los últimos días hemos sido testigos de un desfile patético por los medios de comunicación: representantes del empresariado venezolano, economistas al servicio del capital, y dirigentes sindicales que han perdido el norte —o que nunca lo tuvieron— repitiendo como loros un mismo discurso. Todos ellos, desde diferentes tribunas, coinciden en un punto: hay que reformar la Ley Orgánica del Trabajo. Coinciden, además, en un objetivo claro: modificar el artículo 122 que protege el cálculo de nuestras prestaciones sociales sobre el último salario integral devengado.
Pero no se equivoquen. Detrás de ese lenguaje técnico, de esos "debates desapasionados" que proponen, de esa falsa preocupación por el "bienestar futuro de los trabajadores", se esconde la misma clase patronal que durante 12 años ha mantenido nuestros salarios secuestrados, que ha usado la hiperinflación como política de ajuste en contra del pueblo trabajador, que ha bombardeado nuestro poder adquisitivo hasta reducirlo a centavos de dólar mensuales.
La hipocresía con nombre y apellido: Jorge Roig y su "preocupación" por los trabajadores
Jorge Roig, representante patronal ante la OIT, ha sido uno de los voceros más activos de esta campaña. Con un cinismo que asombra, se presenta en cada entrevista con el mismo libreto: "no hay capacidad de aumentar el salario" —dice— pero sí para "bonificar" el ingreso. ¿Qué es esto sino una confesión de que pueden pagar más, pero no quieren hacerlo bajo la figura del salario porque eso implica reconocer derechos, antigüedad, prestaciones y beneficios contractuales?
Pero Roig va más allá. Con la arrogancia del que cree tener la verdad absoluta, afirma: "aumentar solo 10 dólares con la ley del cálculo de retroactividad de prestaciones sociales que tenemos hoy es impagable". ¿Impagable? ¿Para quién, señor Roig? ¿Para los empresarios que han reportado utilidades históricas mientras sus trabajadores sobreviven con ingresos que no alcanzan ni para una ínfima parte de la canasta alimentaria?
Y luego, la trampa se revela: tienes que proponerles algo que a cambio de tenerlos 4 años sin salario, ya les tienes una bonificación que les compense, y después comencemos con un nuevo sistema. Traducción: acepten una migaja ahora, firmen la entrega de sus prestaciones, y después vemos. Esto no es una propuesta, es un chantaje. Es el mismo patrón que, ante la necesidad del trabajador, le ofrece un "arreglo" que termina beneficiando siempre a quien tiene el poder económico.
Los economistas de bolsillo: cuando los números se maquillan para justificar la injusticia
Detrás del empresario vienen los economistas. Esos que hoy aparecen en radios y televisoras con gráficos y cifras que solo ellos entienden, pero que siempre llegan a la misma conclusión de que —supuestamente— no hay plata para los trabajadores.
Nos dicen que con... "estos números de trabajadores y pensionados, no hay ingreso que permita que el estado pueda pagar un sueldo decente". Curiosamente, esos mismos economistas —pagados por las grandes empresas— son los que realizan los estudios que permiten a los patronos ajustar los precios de sus productos todos los días para protegerse de la inflación. La misma inflación que ellos alimentan con su especulación. La misma inflación que ellos usan como excusa para negarnos........
