El baile de los economistas
La desconfianza que suscita el discurso económico dominante puede atribuirse tanto a la experiencia histórica como a la persistencia de la tesis —formulada con claridad por Marx— según la cual la política constituye una superestructura condicionada por las relaciones económicas. Sea cual sea el origen de esta percepción, lo cierto es que la economía, en su formulación hegemónica contemporánea, no ofrece un marco interpretativo ni normativo que resulte intelectualmente satisfactorio ni socialmente fiable.
Desde una perspectiva histórica, la economía ha ejercido una influencia determinante sobre la política, hasta el punto de subordinarla a su propia racionalidad. Este proceso se ha intensificado con la financiarización de las economías capitalistas avanzadas, cuyos efectos sobre la cohesión social y la distribución de la riqueza están ampliamente documentados. La primacía de las finanzas introduce dinámicas autónomas, escasamente controlables por los poderes públicos, que erosionan los fundamentos mismos de la soberanía económica de los Estados. Un indicador significativo de esta cesión de soberanía es confiar la evaluación de la solvencia estatal a un reducido número de agencias privadas de calificación crediticia.
La contabilidad constituye, sin duda, un instrumento imprescindible para la gestión pública, del mismo modo que lo es para la empresa o la familia. Sin embargo, cuando el crédito y el endeudamiento —impulsados por la ideología neoliberal— se transforman en ejes estructurales del crecimiento económico, se produce la indeterminación........
