Los imponderables del fútbol y el eventual “fracaso” de la Copa Mundial 2026: algunos escenarios posibles
Si bien la Copa Mundial de la FIFA es, históricamente, un negocio privado altamente rentable, que aprovecha la pasión de las aficiones y el despliegue en un aparato global de comercialización que de manera sincronizada actúa sin mecanismos reguladores de su condición monopolística, no por ello deja de exponerse a tropiezos y a problemáticas imprevistas como parte de la misma voracidad de quienes organizan la justa mundialista. Con un impacto económico total previsto por 80 mil millones de dólares –30,5 mil millones de dólares solo para los Estados Unidos– y ganancias que la FIFA estima para sí misma por entre 11 mil y 14 mil millones de dólares –cifra esta última que casi duplicaría los 7500 millones de dólares embolsados por este organismo internacional privado durante el ciclo mundialista Qatar 2019-2022–. A esas cifras no se les catalogaría como fracaso y menos si se trata de un Mundial de fútbol publicitado como el más grande de la historia (48 selecciones nacionales, 104 partidos, tres países organizadores).
Sin embargo, a unos cuantos días del inicio de la Copa Mundial el ánimo de las poblaciones de los tres países sede no precisamente expresa el propio de una gran fiesta deportiva. En un estudio realizado en Estados Unidos durante el mes de marzo por Pew Research Center, se señala que el 66% de la población encuestada no muestra interés alguno en seguir la justa mundialista; que el evento solo será probablemente seguido por el 28%, y que solo el 14% mostrará un mayor interés y atención. De esa población encuestada y que muestra intereses por el Mundial 2026, el 54% son migrantes, destacando los asiáticos con un 44% e hispanohablantes con un 42% (https://shre.ink/3ott).
La Copa Mundial de la FIFA 2026 fue sistemáticamente diseñada y promovida por sus organizadores y patrocinadores como un macro-evento elitista y excluyente en esencia. No solo por los altos precios de las entradas a los estadios y de los servicios anexos que requieren los turistas que acudirán a las sedes, sino porque la promoción se canalizó a sectores sociales privilegiados como los consumidores de alto poder adquisitivo, los ejecutivos de corporaciones, el turismo de alta gama, los personajes del medio del espectáculo, los directivos y ex jugadores, y los influencers. Ese es el nicho de mercantilización de la FIFA y sus socios comerciales, quedando el resto de los 1500 millones de aficionados confinados, si bien les resulta, a la televisión de paga y atados al sofá de su casa. El Mundial de fútbol no es más de los pueblos, ni se vive en las calles, ni en los barrios y ni entre los aficionados de las clases sociales populares. Un mundial que se percibe como cuando el propio dueño de la casa no es invitado a la fiesta pese a que aportó –a través de sus impuestos– los insumos necesarios para su organización y realización.
Aunque en principio no será un fracaso financiero para la FIFA y sus socios y patrocinadores, existen varios........
