Pereira: 30 días después de la tragedia sísmica
Un mes después del terremoto del 10 de agosto, Pereira y Risaralda enfrentan una pregunta que ya no admite más aplazamientos: ¿cuándo comenzará realmente la reconstrucción?
Responderla exige mucho más que revisar los anuncios hechos por los gobiernos nacional, departamental y municipales. Se necesita información completa, seguimiento permanente y control ciudadano sobre cada peso destinado a la recuperación. De ahí la importancia de poner en marcha un verdadero proceso de control social y auditoría comunitaria sobre las inversiones, las decisiones administrativas y los proyectos que se ejecuten en los territorios afectados.
Esta nota busca precisamente contribuir a esa tarea: reunir y ordenar los principales datos, acontecimientos y decisiones que se han producido durante estas primeras cuatro semanas, para que la ciudadanía pueda conocer qué ha ocurrido, qué se ha hecho, qué falta y, sobre todo, qué compromisos deben cumplirse.
Una tragedia de enormes dimensiones.
El terremoto ocurrido el 10 de agosto constituye uno de los acontecimientos más graves que ha vivido Pereira desde su fundación en 1863. La ciudad, convertida con el paso de las décadas en el principal centro urbano y económico del Área Metropolitana Centro Occidente, no solo tiene una enorme importancia para Risaralda, sino también para una amplia región que comprende municipios del norte del Valle del Cauca, Quindío, Caldas y Chocó.
Pereira alberga hoy a más de 500.000 habitantes y su economía (PIB) representa cerca de $13 billones. Su área de influencia alcanza a millones de personas. Por eso, los efectos del terremoto trascienden ampliamente las fronteras municipales.
Los antecedentes muestran, además, que no se trata de un territorio ajeno al riesgo sísmico. Pereira ha sufrido terremotos importantes en 1906, 1979, 1995 y 1999. El sismo de 1995, de magnitud 6,7, dejó 37 personas muertas y destruyó centenares de viviendas, especialmente en el sector de la quebrada Egoyá. Cuatro años después, el terremoto del 25 de enero de 1999 provocó enormes pérdidas humanas y materiales en Quindío, Risaralda, Tolima, Caldas y el norte del Valle del Cauca.
La tragedia actual vuelve a poner sobre la mesa una realidad que el país conoce desde hace décadas: la reconstrucción después de un desastre no puede improvisarse.
Un mes después, las cifras son contundentes. En Risaralda se registran 113 personas fallecidas, 598 heridas y 98 desaparecidas; 69.115 familias afectadas; 11.979 viviendas destruidas; 111 edificios colapsados y 5.316 averiados. También resultaron afectados 408 centros educativos, 46 centros de salud, 145 vías y puentes y 31 acueductos.
En Pereira, 53 de las 167 sedes educativas presentan daños y 15 requieren reconstrucción total. La Alcaldía reporta, además, 76 taludes en estado crítico, 16 de ellos considerados urgentes, con una necesidad de intervención calculada en $28.000 millones.
La ciudad ha removido más de 180.000 toneladas de escombros y se estima necesario demoler unas 505 edificaciones. Para ello se proyecta una inversión cercana a $17.000 millones.
Pero detrás de cada cifra hay familias, estudiantes, trabajadores y empresarios cuya vida cotidiana quedó interrumpida.
Los albergues........
