"¡No lo soñé!": Mundial 2026, complicidad, lavado y fuga
Con compasión enternecida y sarcasmo ocasional, no puedo dejar de decir que, detrás del estallido de este mundo del espectáculo mediático, el fútbol opera como aglutinante: es fácil, universal y televisivo. No es la nación, pero sí su supervivencia pulsátil. O quizá, la forma en que la nación incluye hoy a quienes de otro modo abandona, en una democracia fingida…
La complejidad de la fuga de capitales y el lavado de dinero en el Mundial de fútbol, máximo espectáculo para miles de millones de habitantes del planeta, radica en la enorme y opaca red de transacciones internacionales que este deporte moviliza de manera cotidiana. Al tratarse de un negocio globalizado, descentralizado y con regulaciones heterogéneas, se convierte en un terreno fértil para el ocultamiento y el blanqueo de activos de origen ilícito.
"¡No lo soñé!": lo que está instalado en el mundo de genocidas y sociópatas que dictan rigen, en realidad, es un poderoso deseo, consumado, de control de la humanidad, esclavizando, censurando, imponiendo reglas de comportamiento dictatorial.
El Mundial 2026 marca el fin del hincha tradicional, imponiendo un severo "filtro económico" que vuelve el torneo un evento exclusivo para élites, corporaciones y turismo de lujo sexual, narco y demás porquerías. Los precios de las entradas se han multiplicado de forma radical, transformando la máxima fiesta popular en un negocio corporativo mafioso del círculo rojo, que dicta y rige en un planeta sin destino.
"¡No lo soñé!": la aldea global está envilecida tras el lucro, en cuyas manos se concentra la riqueza y el poder de decidir sobre la vida de comunidades enteras, entregando en pactos fáusticos hasta lo que no tienen, por un símbolo del fútbol, elevado a referente de prócer, superhéroe de cómic horror show,, cuándo todo sería más ameno si le otorgan categoría de un formidable jugador de fútbol. No excedan los límites de la prudencia, degradantes emperadores pederastas/criminales del planeta, pues siempre aguarda alguna sorpresa, no del todo agradable y no hay derecho a reclamo alguno. Todo destino tiene su ritmo, una ley de compensación equilibra los........
