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El protectorado perfecto y la doctrina del doble tutelaje

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07.04.2026

El tablero político venezolano ha dejado de ser un espacio de confrontación y polarización política para convertirse en un ejercicio de geolítica imperial. No hay bandos libres; lo que existe es un pragmatismo de intereses concurrentes donde la Casa Blanca ha perfeccionado una estrategia de control bidireccional. Estamos ante un doble tutelaje que nos conduce a un Protectorado Perfecto.

En la cúspide de esta arquitectura política no hay diferencias, sino roles asignados. Marco Rubio no es un maniático suelto, tampoco es aliado de ningún bando. Es el arquitecto intelectual, el "guante de terciopelo" que moldea el entorno de María Corina Machado para asegurar que la oposición no se desvíe del guion de Washington. Por otro lado, Donald Trump representa el pragmatismo cruel que aplaude la operatividad y obediencia de Delcy Rodríguez cuando le conviene y exhibe su fuerza para recordar quién es el amo del tablero.

Mientras Marco Rubio habla de supuestas etapas de la transición, Donald Trump garantiza que la fuerza bruta mantenga la estabilidad necesaria para el flujo de capitales. Es una simbiosis perfecta donde Rubio pone la diplomacia, Trump la fuerza y ambos garantizan la logística del saqueo.

El tutelaje impuesto por EE. UU. hoy se mueve en dos frentes que, aunque parezcan opuestos, convergen en el mismo centro de gravedad. Se impone una "apertura económica" que privilegia la operatividad sobre la legitimidad. Washington no busca democracia, busca metales críticos, petróleo, gas y oro. El tutelaje aquí es transaccional y solo permite la supervivencia política de la elite en el gobierno a cambio del control de los recursos estratégicos. A María Corina Machado, se le utiliza como el recordatorio constante de que el gobierno no tiene un cheque en blanco. La oposición es el "capital político de reserva" y María corina Machado puede quedarse en la "sala de espera". El discurso de la "Unidad Nacional" no es un fin democrático ni un ejercicio político moderado, sino una herramienta de validación para cualquier decisión que se tome en el Despacho Oval.

Bajo esta doctrina, la soberanía es una reliquia del pasado. El objetivo final es una Transición Tutelada que garantice un "saqueo sin tropiezos". Se vende una paz nacional aparente y una estabilidad institucional de cartón mojado, cuya única función es evitar que el conflicto interno interfiera con la extracción de recursos. Estamos ante la "paz del saqueo".

No hay nadie actuando fuera del guion. Las diferencias entre Donald Trump y Marco Rubio son meros matices tácticos de una misma estrategia de dominación que se matiza en una simbiosis donde la fuerza y la diplomacia se funden para administrar la crisis venezolana como una sucursal corporativa. Mientras Rubio y Trump afinan el guion y las élites locales ensayan sus líneas, el venezolano sigue sobreviviendo en un país donde la soberanía se mide en barriles y el bienestar humano no figura en el contrato.

En medio de este ajedrez de intereses transnacionales, el gran ausente es, el ciudadano de a pie. Todos se concentran en la arquitectura de la transición y el reparto de concesiones, no existe en la mesa de negociación, ni de un lado ni del otro, una discusión real sobre el hambre y el colapso del hogar venezolano. Los derechos laborales, el salario digno y el ingreso familiar no aparecen en la agenda, han sido sustituidos por el ritmo del flujo de caja. La crisis de los servicios públicos, la agonía del sistema de salud y el desmantelamiento de la educación son tratados como ruidos de fondo que no deben interferir con la "estabilidad" necesaria para el mercado. Para un Protectorado Perfecto, el pueblo no es un sujeto político, sino el paisaje inerte sobre el cual se ejecuta el saqueo.

La política venezolana ha sido secuestrada por un pragmatismo feroz que desapareció tanto el discurso de cambios políticos y transformación social como aquel que invocaba el trillado retorno a la democracia. Mientras la elite en el gobierno cree jugar su propio juego, solo son piezas en un tablero donde el triunfo no se mide en votos, sino en barriles y concesiones mineras. El tutelaje conduce a un Protectorado Perfecto como nueva forma de gobierno donde la Soberanía Nacional es el gran sacrificio en el altar del mercado global.


© Aporrea