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Venezuela en la encrucijada estratégica: entre la paz necesaria y el imperio que sólo entiende de guerra

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28.01.2026

Un proverbio que es una advertencia

En una conferencia de prensa conjunta, el presidente ruso Vladimir Putin, al

dialogar con la entonces canciller alemana Ángela Merkel, soltó una frase cargada

de picardía y realismo eslavo: en las relaciones con Estados Unidos, "no importa

lo que hagas la noche de bodas, que terminarás jodida de todos modos". Más allá

de la anécdota y de una lectura superficial, este proverbio encierra una verdad

estratégica de hierro para las naciones que desafían la hegemonía: cualquier

interacción con el imperio norteamericano tiende, inexorablemente, hacia un

escenario de sometimiento, dominación o confrontación. La brutal agresión del 3

de enero de 2026 contra Venezuela, un acto de guerra vil e ilegal, no es una

aberración en la política estadounidense. Es la manifestación extrema de una

constante histórica. Hoy, el pueblo venezolano, ante la herida abierta, se pregunta

con razón: ¿cómo recuperar la normalidad y encontrar la paz con quien nos ha

declarado la guerra? La respuesta exige ir más allá de lo pintoresco y lo

anecdótico para profundizar en la raíz del problema: la naturaleza misma del

imperio.

La sabiduría de la estrategia bolivariana: evitar la trampa

Desde su ascenso, el proyecto bolivariano ha tenido como brújula estratégica

fundamental la construcción de una independencia verdadera –política y

económica–, el establecimiento de alianzas justas y multipolares, y, de manera

crucial, la evitación de la confrontación militar directa con los Estados Unidos. Esta

línea, continuada desde Chávez hasta hoy, no es pasividad. Es la comprensión

profunda de que caer en la trampa de una guerra convencional sería entregarle al

imperio su escenario ideal. Esta postura se alinea con la filosofía de las potencias

emergentes –Rusia y China– que, tras superar sus propias debacles (la caída de

la URSS para Rusia, el siglo de humillación para China), han priorizado un

desarrollo autónomo y una fortaleza disuasiva, conscientes de que un colapso

caótico del imperio norteamericano podría arrastrar al mundo entero a una

catástrofe termonuclear. El objetivo supremo, la construcción de una sociedad

nueva y más humana, no puede sacrificarse en el altar de una guerra que el

imperio promueve.

La lección de 1917: el manual estratégico del imperialismo

Para desentrañar la lógica que hoy nos aplican, debemos remontarnos al primer

gran desafío revolucionario del siglo XX. Tras la Revolución Rusa de 1917, las

potencias imperiales –incluyendo a Estados Unidos y Gran Bretaña– no dudaron

en intervenir militarmente, apoyando a los contrarrevolucionarios para imponer una

atroz guerra civil. El objetivo estratégico trascendía la victoria militar inmediata. Se

trataba de infligir un sangrado profundo al naciente Estado soviético, forzándolo a

un estado de emergencia perpetua donde la defensa de la Madre Patria

desplazara a la construcción del comunismo. La Nueva Política Económica (NEP)

y los planes quinquenales de industrialización acelerada fueron, en parte, una

respuesta a esta........

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