¡Es el colonialismo, estúpido!
Lo que ocurrió en la madrugada del 3 de enero en Caracas dejó al mundo estupefacto. Pero lo más sorprendente es precisamente el hecho de que el mundo se haya quedado estupefacto. Lo que ocurrió se había anunciado a los cuatro vientos. ¿Desde cuándo? Los menos informados dirán que desde la llegada al poder de Donald Trump y, sobre todo, desde la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional en noviembre de 2025, en la que se establece que Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir en cualquier país siempre que sus intereses estén en juego.
Retrocedamos en la historia y analicemos los tres componentes principales de lo que ocurrió: la sorpresa, la captura ilegal de un líder político y las razones invocadas para el acto.
En cuanto a la sorpresa y las razones, basta con remontarse a septiembre de 1939. En 1939, el mundo (el mundo que contaba entonces era Europa y Estados Unidos) quedó estupefacto ante la sorpresa del ataque de Hitler a Polonia. Justificación de los nazis: «El Estado polaco rechazó la resolución pacífica de las relaciones que yo deseaba y recurrió a las armas… Para poner fin a esta locura, no tengo más remedio que responder a la fuerza con la fuerza a partir de ahora… Destruir Polonia es nuestra prioridad… Nunca se pregunta al vencedor si lo que dijo era verdad o mentira. En lo que respecta a iniciar y detener una guerra, no hay ley: la victoria es el factor decisivo. Sea brutal y despiadado».
Quienes seguían de cerca el comportamiento de Hitler podían prever lo que iba a suceder. Hitler inventaba públicamente la agresión polaca mientras ordenaba en secreto ataques sorpresa, diciendo a sus generales que actuaran sin piedad para alcanzar la victoria, lo que ilustraba la naturaleza engañosa de la invasión. Se convertía la invención en realidad a través de la propaganda y se invocaba la invasión como un acto de legítima defensa. Estaba en juego la seguridad de Alemania. Resulta que los diplomáticos europeos miraban, pero no veían, oían, pero no escuchaban, leían, pero no entendían. La negación era el disfraz de la impotencia y la baja calidad política de los líderes políticos de entonces.
En cuanto a la captura ilegal de líderes, es fácil recordar el caso del presidente de Panamá, Daniel Noriega, el 3 de enero de 1990. Sin embargo, hay que retroceder mucho más para ver cómo una táctica similar ya se utilizó en el pasado durante el período del colonialismo histórico.
El rey Ngungunyane fue rey del imperio de Gaza entre 1884 y 1895, un territorio que hoy corresponde en gran parte a Mozambique. Por su resistencia contra el colonialismo portugués, era conocido como el «león de Gaza». Derrotado por las tropas colonialistas en 1895, en Chaimite, los colonialistas, insatisfechos con la victoria y temerosos de que el rey siguiera alimentando la resistencia anticolonial, lo capturaron y lo llevaron a Portugal como trofeo de guerra. Así fue como lo exhibieron por la avenida principal de Lisboa. Luego lo deportaron a una de las islas de las Azores, donde murió en 1906.
En agosto de 1897, los colonialistas franceses impusieron el control colonial sobre el reino Menabé del pueblo Sakalava, al oeste de Madagascar, masacrando al ejército local. El rey Toera fue asesinado y decapitado: su cabeza fue enviada a París, donde se guardó en los archivos del Museo de Historia Natural. Casi 130 años después, la presión de los descendientes del rey, así como del gobierno de la nación del Océano Índico, allanó el camino para la devolución del cráneo.
Es decir, exhibir como trofeo en la metrópoli los símbolos de la resistencia (a veces los propios líderes, sus cráneos o sus objetos de arte) es una práctica habitual del dominio colonial. Que el «depósito» se encuentre en una isla, en un museo o en un centro de detención de Nueva York es una cuestión menor, una cuestión de conveniencia para el vencedor.
¿Ha vuelto el colonialismo?
Esta es quizás la pregunta más ingenua que se puede formular en este momento. Se basa en la idea de que el colonialismo es cosa del pasado, habiendo terminado con las independencias de las colonias europeas. Nada más erróneo. El colonialismo es el trato de un pueblo o un grupo social considerado subhumano y, como tal, indigno de ser defendido por la legalidad internacional o nacional, por los derechos humanos o por los tratados internacionales. La justificación es perfectamente racional: al ser subhumanos, sería un contrasentido tratarlos como humanos. Eso pondría en peligro la defensa de los seres considerados plenamente humanos. El colonialismo es racismo, esclavitud, saqueo de recursos naturales y humanos, ocupación por una potencia extranjera, expulsión de campesinos o pueblos originarios de sus........
