Presos políticos de Venezuela: una llama que se aviva lentamente ante el clamor del pueblo venezolano
Venezuela navega bajo la sombra de una transición sin catarsis social, la captura de Nicolás Maduro y la instauración de Delcy Rodríguez como presidenta interina, en medio de un acuerdo con la administración Trump, parecería un cambio trascendental; pero en lo profundo, el país sigue respirando el mismo aire de miedo, castigo y represión, con todas las miradas puestas en las amenazas de Diosdado Cabello y sus colectivos armados.
En la coyuntura es apreciable el reciclaje del poder político y el acto de disfrazar la diplomacia con absoluto pragmatismo, sin embargo la herida más dolorosa, la de los presos políticos, sigue abierta y sangrante, con signos de burla, cada uno de esos hombres y mujeres encarcelados constituye una negación viva de la palabra “transición”, porque no hay renovación política posible mientras el disenso sigue tras las rejas, las promesas de liberación, los anuncios mediáticos de excarcelaciones parciales, no alcanzan a cubrir la vergüenza de un país que mantiene a más de ochocientas voces silenciadas en mazmorras donde la tortura no es excepción, sino una regla de la tiranía y otros tantos perseguidos y aun en clandestinidad.
Los nombres de Javier Tarazona, Henry Alviarez, Juan Pablo Guanipa, Catalina Ramos, Igber Marín Chaparro, Juan Carlos Caguaripano, Yandir Loggiodice, Freddy Superlano, los hermanos Baduel y de todos los presos políticos, hombres y mujeres, civiles y militares, definen el mapa del dolor contemporáneo: un archipiélago de cuerpos quebrados pero de almas intactas, donde la dignidad es el último refugio, la........
