El mundo libre
En la nueva realidad, cada Estado está solo. Todas las formas de dependencia pueden convertirse en armas, y todas las dependencias de las cadenas de suministro y de los recursos constituyen vulnerabilidades
Quienes vivieron la época de la Guerra Fría recuerdan un lugar imaginario llamado el mundo libre. Era el lugar en el que los europeos occidentales creían vivir, mientras que, según se nos decía, los europeos del Este, los rusos y los chinos vivían detrás del alambre de espino. La historia era cierta en parte: había alambre de espino y, de nuestro lado, había una cierta forma de libertad, pero la historia también era una mentira. Aquel 'mundo libre' incluía el Irán del Sha, el Chile de Pinochet y la España de Franco. No tenían nada de libres, pero eran anticomunistas y, por tanto, formaban parte del club. El líder del club, Estados Unidos, proclamaba su propia libertad, pero no concedió a sus ciudadanos negros el derecho al voto en el sur del país hasta 1965.
Así pues, el 'mundo libre' era una mentira noble, pero tenía su utilidad. Nos ayudaba a imaginar el mundo en el que queríamos vivir. La retórica del mundo libre permitió a dirigentes, de Kennedy a Reagan, articular una verdad: que el Muro de Berlín no era un hecho de la vida que hubiera que aceptar para siempre, sino una abominación moral. El 'mundo libre' ayudó a los mejores de nuestro lado a establecer vínculos de solidaridad con los mejores del 'otro lado': por ejemplo, con los disidentes soviéticos y con los héroes de Solidaridad polaca y de la Carta 77 checoslovaca. Cuando Havel decía que quería que la sociedad checa se convirtiera en un lugar 'normal', normal quería decir la libertad cotidiana, ordinaria, que existía al otro lado del alambre de espino. En los años setenta y ochenta, los pueblos de Portugal, España y Grecia sabían........
