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El juez y el alma del derecho

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30.06.2026

El juez y el alma del derecho

El magistrado independiente, alejado por igual del automatismo jacobino y del activismo político, no representa una anomalía democrática, sino la última línea de defensa del Estado de derecho

El constitucionalismo atesora en su código fuente una tensión fundacional irresoluble, que determina, aún hoy, la salud de nuestras democracias. Se trata del encaje de la función judicial en la ordenación de la soberanía en un Estado constitucional. Esta discordia nació de dos experiencias históricas contrapuestas que moldearon dos formas distintas de entender la libertad individual frente al poder del Estado. En Filadelfia, los padres fundadores de Estados Unidos, imbuidos de un realismo antropológico, diseñaron su arquitectura institucional sobre la desconfianza explícita hacia los políticos y las mayorías parlamentarias contingentes. El pánico a la tiranía legislativa alumbró un modelo de juez fuerte, guardián último de un pacto constitucional supremo e inderogable.

Cruzando el Atlántico, los revolucionarios franceses, traumatizados por el recuerdo de los antiguos parlamentos del absolutismo (corporaciones de toga que bloqueaban las reformas de la Corona en defensa de sus propios privilegios), proscribieron toda capacidad creativa de los magistrados. La desconfianza hacia los jueces elevó a la ley a la categoría de fetiche sagrado, declarándola, bajo el influjo de Rousseau, expresión infalible de la voluntad general. El juez quedaba reducido, en la célebre fórmula de Montesquieu, a ser meramente la 'bouche de la loi'; un autómata ciego que pronunciaba las palabras del legislador sin añadir un solo ápice de espíritu propio.

Entre el peligro del juez legislador que usurpa la soberanía popular y el peligro del juez robot que........

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