Escuderos de Lady Begoña
Escuderos de Lady Begoña
El juez Peinado era el demonio en persona y hacía con la justicia lo mismo que las gacetas del bulo y el fango habían hecho con la verdad
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Cabalgaba sobre el lomo de un socialista de base la digna Lady Begoña, camino de su juicio. La acompañaba en su marcha pesarosa por los campos de Castilla una legión de sus mejores escuderos y cortesanos. Su amado, apoyado en la ventana del castillo, cantaba ... loas a su honestidad, que los juglares llevaban a los cuatro rincones del mundo: «¡Ah, cuánto nos aplasta el peso! ¡Pobre Lady Begoña, envuelta en la zozobra, sin ser ella nada de eso!». Entre timbales y címbalos oía ella, los pies delicados en un cojín, el canto desde el carruaje. Pero no todo eran serranillas y coplas de justicia, porque venía tras ella el ruido rabioso de los malandrines.
Acosaba a Lady Begoña la balhurria de bastardos difamadores. Habían iniciado su ataque los gacetilleros del bulo, los mentecatos de la tecla, los sabuesos de la indignidad. Contaron mentiras terribles sobre una mujer que, siendo noble, trabajaba. ¿Y qué problema hay en que trabaje una mujer honesta? ¿Qué clase de prejuicio lastra el seso de quien señale a una mujer independiente por montar cátedras? Al enterarse, su amado se encerró cinco días en el castillo y estuvo el buen pueblo asustado hasta que salió a leer las hermosuras que había compuesto. Los perros rabiosos hicieron oídos sordos, pero los buenos cortesanos presentaron armas y firmaron el Manifiesto de los Escuderos con el tono perentorio de quien declara la guerra a Troya.
De nada sirvió que esos pocos periodistas honrados explicasen en su manifiesto por qué hay que mantener a la mujer de un gobernante al margen de los ataques políticos, y tampoco lo entendió el enemigo cuando esos mismos periodistas honrados pagaron con la misma moneda y convirtieron al novio de Ayuso en la némesis de Lady Begoña. Nada se podía hacer, sino rezar y acompañar a la víctima de la mentira desaforada. Por desgracia llegó el juez Peinado.
De todos los togados que hay en España, siendo la mayor parte de ellos fascistas emboscados, tuvo que caer la causa de Lady Begoña en la mesa más grasienta y desabrida. Los escuderos duplicaron su cantata de defensa. Las voces sonoras brotaron de todos los balcones y se derramaron por todas las tertulias. El juez Peinado era el demonio en persona y hacía con la Justicia lo mismo que las gacetas del bulo y el fango habían hecho con la verdad. Pusieron carteles con su cara en todas las tabernas y en los atrios de las agrupaciones socialistas. Se especuló con cuántos pisos tenía, y cuántos DNI y a qué partido votaba su hija. Se lanzaron al estiércol sus escritos y se quemaron en la plaza pública sus instrucciones. Pero nada frena al mal cuando nos falta un Arcángel, y Félix Bolaños no logró reformar la Justicia a tiempo.
Se dirige finalmente Lady Begoña al juicio. Escuderos y cortesanos dejan por el camino una estela de lágrimas.
Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
