Padres que sí están cambiando
Padres que sí están cambiando
Cada vez son más los que asumen los cuidados en igualdad sin haber tenido ese modelo, mientras ciertos discursos les siguen situando como adversarios
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El pasado jueves, Día del Padre, Luis Herrero decidió abrir su tertulia en esRadio preguntándonos sobre conciliación. Preguntándonos sobre los problemas —muy reales— que seguimos teniendo la mayoría de las madres trabajadoras, pero también de cómo cada vez son más los hombres que sufren las ... mismas dificultades. La corresponsabilidad es ya un cambio real en muchas familias, aunque se hable menos de lo que deberíamos de ella, quizá porque parece incompatible con recordar que aún queda mucho camino por recorrer hasta la igualdad.
Sin embargo, poner sobre la mesa ambas realidades no solo es compatible sino que es necesario porque todo cambio social se acelera cuando cuenta con referentes. Incluir en el debate público a los padres que asumen convencidos la mitad de los cuidados o más presiona a otros a hacer lo mismo mucho más que cualquier discurso.
Si uno mira alrededor —yo lo veo cada día— esos padres que deben servir de ejemplo están ahí. Se levantan antes para preparar desayunos, reorganizan su jornada para recoger a los niños, saben exactamente cuándo toca pediatra. En muchos casos debemos considerarlos superpadres porque han optado por ello sin haber tenido ese modelo. Han cambiado el patrón que aprendieron de niños —en el que sus padres «ayudaban»— por el de la corresponsabilidad.
Este salto se reconoce menos de lo que deberíamos. En parte porque ellos no lo reivindican y en parte porque las madres tendemos a fijarnos más en lo que hacen distinto que en lo que hacen bien. A veces no entendemos su manera —más relajada— de ejercer la paternidad. Y, sin embargo, con ellos muchas veces pasa algo mejor que con nosotras: los niños ganan más autonomía, seguridad y confianza que con la sobreprotección en la que a veces caemos las madres. Quizá la clave no está en que ellos lo hagan como nosotras sino en entender que la suma de los dos modelos aporta un mejor crecimiento.
Todo esto debería tenerlo en cuenta ese feminismo confrontativo que simplifica y culpabiliza a todos los hombres de los abusos por igual, que trata a los chicos jóvenes como deudores del machismo de sus padres o abuelos, y que muestra más contundencia en el discurso público que en la denuncia interna cuando se han producido abusos en su propio entorno.
Su reflexión es necesaria porque su estrategia no está dando el resultado deseados. El enfrentamiento entre hombres y mujeres está provocando entre muchos jóvenes una sensación de agravio que les lleva a implicarse menos en la igualdad. Y eso, a quienes de verdad queremos avanzar, debe preocuparnos.
No se puede ver a todos los hombres como un problema, porque muchos ya son parte de la solución. Por eso es importante hablar de los padres que son corresponsables. Deberíamos hablar mucho más sobre ellos.
