Trabajar mientras arde la casa: la paradoja de una generación que conoce la crisis climática pero aún alimenta el fuego
Intentar trabajar mientras nuestra casa está en llamas. Eso es lo que estamos haciendo. E incluso algo peor, sabemos que está ardiendo, pero seguimos echando combustible. Mientras escribo esto, España arde. Ya no es simplemente una metáfora. En los últimos días, los principales incendios de Ávila, Madrid, Castellón y Toledo han afectado a más de 95.000 hectáreas y, según el último balance, alrededor de 11.000 personas continuaban evacuadas.
Hablamos de España como podíamos hablar de Francia, Portugal, Italia o Grecia. Pero tampoco es un problema solo europeo o del hemisferio norte. EEUU y Canadá lo está sufriendo, Indonésia también y Brasil lo mismo.
Vivimos de espaldas a la naturaleza y, durante demasiado tiempo, hemos tratado la prevención como algo secundario. Pero los incendios no empiezan cuando aparecen los conatos. Empiezan mucho antes en la falta de gestión forestal, en el abandono del monte, en la ausencia de cortafuegos y en una planificación territorial que no siempre tiene en cuenta el riesgo.
Al mismo tiempo, ayuntamientos y comunidades autónomas tienen una responsabilidad ineludible. No podemos seguir dejando que el monte se abandone mientras expandimos el asfalto, ni limitar nuestra respuesta a desplegar medios cuando el fuego ya está fuera de control.
También empiezan, con las décadas de advertencias ignoradas, prioridades postergadas y acciones que solo alimentan el greenwashing, muchas de las consecuencias que se anunciaban ya forman parte de nuestro presente. El cambio climático está aquí y las temperaturas más altas y los periodos de sequía hacen que los bosques y el campo sean cada vez más cerillas esperando a la próxima colilla, maníaco o........
