El problema del documental sobre Rocío Jurado, 'La más grande'
El buen documental no solo resume, sobre todo descubre. La Más Grande, proclamación que no le gustaba demasiado a la protagonista, es el nombre de la docuserie de cuatro capítulos sobre la vida de Rocío Jurado, en Movistar Plus. Y magnetiza, como cada paso que daba Rocío Jurado. Con su diáfana forma de mirar a cámara, con su rotunda forma de dialogar colocándose el pelo en directo, con su fulgurante forma de cantar libre en un escenario, con su democrática forma de ser vulnerable en su casa. Con su arte para sentir con la ambición de folclórica y, a la vez, con la ingenuidad que busca con sus ojos la validación del público. Ese enganche de saber si te quiere quien tú quieres que te quiera.
Incluso con la capacidad de entender la televisión desde el minuto uno. “Yo mis vestidos me los sueño”, decía a Hermida. Rocío mimaba la puesta escena de sus apariciones en la tele y creaba un arco narrativo emocional con su expresividad. Sus actuaciones en la tele iban hacia un lugar. Ella se regodeaba coqueteando con la cámara. Así creaba una catarsis colectiva en primer plano. Eso, en cambio, no lo consigue el documental. De hecho, viéndolo, da la sensación de que al docu le cuesta aguantar más........
