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Cuando la realidad también descarrila: comprender el ‘shock’ y el duelo tras un accidente grave

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21.01.2026

Hay sucesos que no sólo interrumpen un trayecto, sino que alteran el mapa interno con el que nos movemos por el mundo. Lo que hasta ese momento era rutina, subir a un tren, confiar en un horario, asumir la seguridad como algo dado, se quiebra de forma abrupta. En cuestión de segundos, lo cotidiano se vuelve amenazante y lo previsible, frágil.

Tras una tragedia colectiva como la ocurrida el pasado domingo con el descarrilamiento y choque de dos trenes en la provincia de Córdoba –por el momento hay 41 fallecidos–, no se detiene únicamente un servicio o una agenda. Se resiente algo más profundo: la percepción de seguridad, la relación con el tiempo y la confianza básica en que el mundo funciona como esperamos. Por eso, el impacto no se limita a quienes estuvieron directamente implicados. Se extiende, de forma silenciosa, a muchas otras personas.

En este contexto, una de las preguntas más frecuentes es si las reacciones emocionales que aparecen como el aturdimiento, el miedo o la sensación de irrealidad son normales. Desde la psicología, la respuesta es clara y basada en la evidencia: sí, lo son.

El shock psicológico es una reacción automática del organismo ante una amenaza extrema. Desde el punto de vista neurobiológico, se produce una activación intensa de los sistemas de alarma del cerebro, especialmente los relacionados con la respuesta al estrés, lo que puede afectar temporalmente a funciones como la atención, la memoria o la regulación emocional.

En las primeras horas o días tras un accidente grave es frecuente experimentar sensación de irrealidad, dificultades para concentrarse, recuerdos........

© The Conversation