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La ansiedad antes de un viaje: por qué aeropuertos y estaciones nos ponen tan nerviosos y cómo evitarlo

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21.07.2026

Son las 7:42 y el tren sale a las 8:10. La pantalla anuncia un cambio de andén, pero la megafonía apenas se entiende. Una persona arrastra dos maletas, busca el billete en el móvil y comprueba por tercera vez que está en la estación correcta. En un aeropuerto, otro viajero mira la puerta de embarque, el reloj y la fila del control de seguridad.

El viaje aún no ha empezado y el cuerpo ya se comporta como si hubiera una amenaza. Solemos asociar esta inquietud con el miedo a volar, pero la ansiedad previa al viaje es más amplia. También aparece en estaciones y afecta a personas que no temen ni a los aviones ni a los trenes. El problema no siempre es el transporte, sino lo que debemos hacer antes de subirnos a él.

En pocos lugares cotidianos se acumulan tantas exigencias al mismo tiempo: llegar puntuales, orientarnos en un espacio desconocido, interpretar mensajes que pueden cambiar, proteger el equipaje y tomar decisiones rápidas entre cientos de estímulos. El margen para equivocarse parece mínimo y muchas de las variables importantes escapan a nuestro control.

Esa combinación de incertidumbre, presión temporal y sobrecarga convierte aeropuertos y estaciones en escenarios especialmente propicios para que aparezca la ansiedad.

Viajar significa dejar de controlar

La ansiedad anticipatoria se activa cuando creemos que puede ocurrir algo negativo y no sabemos si podremos evitarlo. Los grandes espacios de tránsito reúnen todas esas condiciones. Debemos llegar a una hora concreta, seguir instrucciones, localizar una salida y adaptarnos a decisiones tomadas por otros.

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© The Conversation