Columna de Pablo Zeballos: ¿Quién llegó antes? Cómo el crimen organizado recluta niños y adolescentes
Hace un tiempo me invitaron a conversar con estudiantes de octavo básico de una escuela de la zona norponiente de Santiago. Allí se desarrolla un proyecto educacional valioso, inserto en una zona compleja, algo abandonada y donde varias de las condiciones que facilitan un ingreso temprano a dinámicas de violencia o delincuencia están presentes. La idea era hablar de crimen organizado, de cómo funcionan algunas de estas organizaciones y de los riesgos que comienzan a hacerse visibles también en Chile.
No recuerdo exactamente en qué momento la conversación tomó otro rumbo, pero sí recuerdo las preguntas.
Querían saber de armas. Qué armas utilizaban los criminales. Cómo eran las personas con las que yo había conversado durante mis investigaciones. Cuánto dinero podía ganar. Había curiosidad, por supuesto, y sería injusto interpretar esa curiosidad como otra cosa. Tenían trece o catorce años y frente a ellos había alguien que les contaba historias de narcotraficantes, cárceles, pandillas y organizaciones criminales.
Mientras respondía comencé a sentir incomodidad, pensaba que si seguíamos por ese camino, podía terminar haciendo exactamente lo contrario de aquello para lo cual me habían invitado. Sin quererlo estaba convirtiendo ese mundo en algo interesante y muy atractivo, pero cometía además otro error: asumir que para todos esos jóvenes se trataba de una realidad lejana, probablemente para algunos estaba bastante más cerca de lo que yo pensaba.
El crimen organizado tiene también esa capacidad. Construye relatos, personajes y símbolos que terminan escondiendo lo que deja detrás.
Entonces cambié la conversación. Les hablé de las madres que he conocido buscando a sus hijos. De familias tratando de entender en qué momento un muchacho comenzó a alejarse de su casa o a relacionarse con personas peligrosas. De padres que reconstruyen hacia atrás pequeños cambios que en su momento parecían no significar demasiado, pero que ya es tarde.
Y les conté la historia de un amigo que nació en un país y un barrio donde, según me ha contado........
