Columna de Luis Cordero, exministro de Seguridad: Cuando la ineficacia seduce la excepción
La ineficacia del Estado no solo irrita, también seduce a algunos, pero no desde una solución, sino a través de un atajo, el de la excepción, que promete resolver de golpe lo que los procesos remedian de modo lento. Desde hace años el país acumula críticas a la ineficacia del Estado. Ahí están los temas vinculados a la denominada permisología -una figura que bajo la administración Lagos se denominaba “lomos de toro”-, los debates sobre la gestión de las listas de espera en los hospitales, la demora en la resolución de causas en ámbitos especialmente sensibles para la vida cotidiana, como los asuntos de familia o laborales, y también las críticas al funcionamiento de las instituciones del sistema de seguridad. Todos esos casos tienen en común la crítica a la forma y el modo en que el Estado resuelve los problemas públicos.
Los debates derivan entonces hacia caminos que van desde el aumento de recursos y la simplificación o desregulación de trámites hasta, en los casos más radicales, la objeción a la existencia misma de esas obligaciones públicas. La ineficacia se transforma en malestar, y este, a su vez, en rabia contra el sistema democrático. Si la democracia no funciona, las lealtades hacia ella se diluyen y los discursos autoritarios, aquellos que suelen simplificar los problemas y las soluciones, se vuelven seductores, dejando a las sociedades atrapadas entre la observancia de los procesos de la democracia y la eficacia de la simplificación, una que suele ir acompañada de la inmediatez de la tecnología, donde la racionalidad del debate público se reduce a un........
