menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La guerra que no cabe en un mapa (II): Ormuz y la disputa por el poder global

17 0
27.04.2026

Mucho antes de que el mundo midiera su destino en barriles de petróleo y en las reglas que gobiernan la economía mundial, el poder ya se decidía por la forma en que se controlaban los desfiladeros y los pasos estrechos. En el siglo I antes de nuestra era, en las llanuras polvorientas de Mesopotamia —lo que hoy son territorios de Siria, Turquía e Irak—, los jinetes arqueros del Imperio parto, una de las grandes potencias iraníes de la Antigüedad asentada en el actual Irán, humillaron a las legiones romanas de Craso con una maniobra que pasó a la historia como el ‘disparo parto’: fingían la retirada, giraban el cuerpo sobre la silla y, mientras cabalgaban en sentido contrario, lanzaban una lluvia de flechas sobre un enemigo que avanzaba convencido de su superioridad.

No era solo una destreza de caballería; era una lección estratégica: quien domina la geografía y convierte el movimiento en arma puede desgastar, confundir y, finalmente, derrotar incluso a la potencia que se cree invencible.

Dos mil años después, bajo los mismos principios que han regido históricamente el poder, y a mediados del siglo XX, tras el impacto devastador de la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias decidieron que el orden económico global no podía depender del azar y diseñaron un sistema común en un hotel de montaña en Bretton Woods, Estados Unidos. Allí, en 1944, acordaron que el dólar sería la moneda de referencia del planeta, respaldado por el oro a un precio fijo, y crearon instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para sostener ese nuevo orden.

Un año más tarde y justo después de la Conferencia de Yalta, el 14 de febrero de 1945, a bordo del crucero USS Quincy, fondeado en el Gran Lago Amargo del canal de Suez, el presidente Franklin D. Roosevelt sostuvo un encuentro decisivo con el rey Abdulaziz Ibn Saud, fundador de Arabia Saudita. Aquel diálogo, celebrado en los últimos días de la guerra, no produjo un tratado formal ni un documento firmado, pero sí estableció un entendimiento estratégico que marcaría el rumbo del orden internacional durante las décadas siguientes. Roosevelt, consciente de que el poder industrial de la posguerra dependería del acceso estable a fuentes de energía, ofreció garantías de seguridad y respaldo político a la monarquía saudí; a cambio, Ibn Saud aseguró el suministro confiable de petróleo hacia Occidente. Ese acuerdo tácito —petróleo a cambio de protección— no solo consolidó la relación entre Washington y Riad, sino que anticipó la transformación del golfo Pérsico en el centro de gravedad energético del sistema global. Lo que comenzó como un entendimiento pragmático entre dos líderes se convertiría, con el tiempo, en el pilar invisible sobre el cual se edificaría la arquitectura del petrodólar y la presencia estratégica de Estados Unidos en el Medio Oriente.

De la tecnocracia a la ‘activocracia’

¿Invamer y el CNC intentan moldear las elecciones de 2026?

El Nuremberg colombiano

Nombrados para delinquir

La degradación de la Casa de Nariño

“Furia épica, más que un bumerán es un ‘bumeirán”

El tremendo lío fiscal del próximo Gobierno

Júpiter en la casa de León… de Juanita León

Corrupción, violencia y desigualdad: trilogía que amenaza la democracia

Bukele ya no es solo el líder de la seguridad: ahora educa y sana con innovación

Durante casi tres décadas, ese arreglo funcionó como un mecanismo de estabilidad: las principales monedas del mundo se vinculaban al dólar y el dólar, a su vez, al oro. Sin embargo, en 1971, presionado por los costos de la guerra de Vietnam, la inflación creciente y los déficits acumulados, Estados Unidos rompió ese vínculo, poniendo fin al patrón oro. A partir de ese momento, el sistema internacional entró en una nueva fase: el dólar dejó de estar respaldado exclusivamente por un metal y pasó a sostenerse en la confianza global y en el poder económico y militar de Estados Unidos. Pero esa transición no quedó en el vacío; muy pronto encontró un nuevo soporte en el petróleo del golfo Pérsico, convirtiendo la energía en el pilar invisible del sistema financiero mundial, un sistema que hoy ya no se disputa en tratados, sino misil a misil, en las aguas estrechas de Ormuz.

A comienzos de la década de 1970, Washington comprendió que proteger ese nuevo esquema del petrodólar exigía algo más que acuerdos financieros: requería una presencia militar permanente allí donde se originaba el flujo energético que sostenía al dólar. Tras la........

© Revista Semana