¿Y si Cambio? Mis sueños, tus sueños, nuestros sueños
Mis sueños, tus sueños, nuestros sueños
En los últimos días he escuchado con preocupante frecuencia relatos de mujeres que se lamentan diciendo: “mi carrera se detuvo para que mis hijos crecieran”, “yo renuncié a todo por él”, “yo pude haber sido… pero…”. Esto demuestra no sólo un historial de entrega y amor sino también una herida, resentimiento guardado y una sensación de haber sido estafada por la vida o por tu pareja.
Estas experiencias crean un estado de frustración, en el cual el cuerpo se mantiene en alerta constante, lo cual provoca un aumento del cortisol e inflamación del cuerpo y agotamiento del sistema inmunológico, lo cual te hace más sensible a la enfermedad y al debilitamiento.
El resentimiento no solo amarga tu mente, enferma el cuerpo.
“Lo hice por ti”
Cuando decimos que el éxito de nuestra pareja, la estabilidad del hogar, incluso los logros de nuestros hijos son “gracias a mi sacrificio”, la mente entiende que no hubo opción y, si bien hubo acuerdos y renuncias, ver la decisión como algo impuesto nos quita control y capacidad de gerenciarnos a nosotras mismas. Cuando proyectas la responsabilidad de tus circunstancias en otras personas, te vuelves pasiva en tu propia vida.
Poner sobre tu pareja o tus hijos ese peso de los “hubiera” es una factura que ninguno puede pagar, ni están obligados a hacerlo, incluso podrían decirte: “Lo siento, yo no te pedí que hicieras ese sacrificio” y aunque eso pudiera sonar a ingratitud, es una respuesta a un reclamo constante. Los hijos que se desarrollan bajo esa sombra de la frustración y el sacrificio materno, suelen cargar con sentimientos de culpa que, a futuro, afectarán sus propias decisiones.
Llegó el momento de retomar tu poder
Sanar te devuelve tu poder interior y eso no viene de que otros te paguen esa deuda, sino de que tú te liberes de ella y el primer paso para ello es asumir la “responsabilización radical”. Lo cual te permitirá aceptar que tomaste esa decisión en ese momento con los recursos y conocimientos que tenías, quizá por seguridad financiera, por el bienestar de tus hijos o por un proyecto de vida compartido que tenía sentido para ti en ese momento. Esta aceptación le devuelves el valor a lo........
