Gasto y demagogia
El Congreso ha aprobado recientemente hasta tres normas que generarán un dispendio gravísimo de fondos públicos. Despilfarro, desde luego, con la mira puesta en lo que queda de la campaña electoral, impulsado por quienes postulan a la Presidencia o a la reelección en el Congreso.
Populismo barato y puro, verdaderas bombas de tiempo para el próximo gobierno, pues carecen de sustento técnico y, mucho más, de sustento presupuestal.
Sin ir demasiado lejos, el Pleno del Congreso aprobó el jueves la ley que otorgará CTS y gratificaciones a los trabajadores del régimen CAS. Una medida impulsada por Alianza Para el Progreso (APP) que superó ampliamente el mínimo de votos requerido, con lo cual quedó expedita para ser promulgada por el Ejecutivo.
El exministro de Economía y Finanzas Luis Miguel Castilla ya había advertido que la aprobación de esta norma implicará un gasto anual permanente de más de 3,000 millones de soles que no estaban estipulados dentro del presupuesto.
Por su parte, el también exministro de Economía Alfredo Thorne señaló que esta disposición, sumada a otras dos pendientes de aprobación por el Pleno y que van en la misma línea de generar gasto no presupuestado, “implican un gasto mayor del 1% del PBI en 2026”.
El especialista se refería a dos dictámenes que figuran en la agenda del Pleno: uno para fijarle un significativo aumento de pensión a los maestros jubilados y cesantes y otro para el nombramiento automático de docentes. “Esto aumentaría el déficit fiscal y, por tanto, crecería también el endeudamiento público”, advirtió. De acuerdo con el Consejo Privado de la Competitividad este proyecto le costaría al país más de 7 mil millones de soles.
Queda claro que se trata de normas que deben estar siendo negociadas, también, en el contexto del pedido del voto de confianza que se viene, pues la propia premier Miralles sabe que estos gastos son insostenibles. Si logrará disuadir a los congresistas para que desistan de aprobar estas leyes, como en algún momento declaró, los analistas lo ven difícil.
Una vez más, los apetitos políticos, en este caso groseramente electorales, por encima de los intereses del Perú ¡Qué vergüenza!
