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Eureka!

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Hace años que visité por última vez el Museo de la Ciencia de Kutxa Fundazioa. Acudí con una ahora expareja como intento de hacer planes juntos, a ver si la chispa del conocimiento hacía que volviese el ensimismamiento a una relación –otra– en descomposición. Cuando en 2021 absolutamente todos los partidos políticos que conformaban el consejo de Kutxa Fundazioa votaron a favor del nuevo plan estratégico de lo que un día fue la Obra Social de Kutxa –es decir, a favor del cierre del museo–, me pregunté: “¿Y qué haré entonces con mis futuras exnovias en un vano intento de que no sean exes?”. También me preocupaba un amigo mío que lleva dos semanas dándome la vara a consecuencia del programa Artemis y afirmando que los del Apollo nunca pisaron la Luna. Gracias a que los que dijeron que se cerraba han cantado “¡Eureka!” y han encontrado la manera de que permanezca abierto el Kutxaespacio, mi colega podrá visitar el planetario y yo, en cambio, seguiré buscando la fórmula del amor eterno entre los experimentos interactivos cuando las cosas se pongan chungas. Solo queda descifrar qué significa la “implicación” que sugiere la Kutxa Fundazioa a las instituciones que han renegado de la clausura, más aún conociendo que el oro es uno de los mejores conductores de la electricidad.


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