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La verdad económica no da votos

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La verdad económica no da votos

A largo plazo, unas cuentas sostenibles, precios menos distorsionados, más inversión y mayor productividad son mejores para todos, aunque el ajuste inicial obligue a renunciar a privilegios y expectativas.

En política económica española, la verdad suele presentarse como una enfermedad de difícil tratamiento. Las promesas, en cambio, gozan de una salud excelente. Se reproducen durante las campañas, sobreviven a los Presupuestos y terminan convertidas en una subvención, una comisión o una oficina encargada de estudiar por qué las anteriores no funcionaron.

El problema es que toda promesa tiene una factura. Puede pagarse con impuestos, deuda, inflación o crecimiento perdido, pero siempre se paga. La contabilidad pública no elimina la escasez: procura que el ciudadano no la vea hasta después de las elecciones. El PSOE ha contribuido decisivamente a convertir esta ficción en método de gobierno. Durante años ha presentado el gasto como solución, la regulación como protección y la deuda como solidaridad intergeneracional. El resultado es una política económica que trata a los ciudadanos como menores de edad: el Estado promete cuidar de todo, decide por todos y envía la factura a alguien que todavía no ha nacido. Cada intervención se anuncia como excepcional.

En España, sin embargo, una medida deja de ser provisional exactamente cuando encuentra una partida presupuestaria. El impuesto extraordinario se vuelve ordinario, la ayuda temporal se transforma en derecho adquirido y la emergencia se instala cómodamente en la........

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