La rendición de SánchezHito
La rendición de SánchezHito
El rodillo legislativo y los gabinetes jurídicos se han refundado en guardia de corps con una sola misión: blindar a la familia imperial.
Escribió Marx en El 18 de Brumario —atribuyéndoselo, con elegancia, a Hegel— que los grandes hechos de la historia se presentan dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa. Pido licencia para una enmienda: hay repeticiones que no alcanzan siquiera la dignidad de la farsa y se quedan en ópera bufa.
Cada agosto la prensa nos devuelve las tragedias verdaderas: Hiroshima y Nagasaki, la capitulación incondicional a bordo del USS Missouri, el Tribunal Penal del Lejano Oriente.
El colapso de un régimen autorreferencial nunca avisa con la detonación final, sino con un fogonazo previo. Como aquel resplandor que iluminó la madrugada de Alamogordo, la corte de SánchezHito contempla hoy el destello de su propia vulnerabilidad. Nada ha estallado todavía, pero la luz de Ceuta ha bastado para dejar la trastienda de Palacio bajo un fulgor frío e implacable.
En la recta final del Japón imperial, la obsesión del Estado Mayor no fue la salvaguarda de sus súbditos, sino la protección mística de la dinastía: el trono era sagrado e incapaz de hacer el mal, y toda la maquinaria del Estado existía para que esa ficción sobreviviera a la derrota. En el ecosistema monclovita contemplamos la versión bufa de la misma teología política. La maquinaria administrativa, el rodillo........
