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La dictadura económica de la báscula

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02.09.2026

La dictadura económica de la báscula

El estatismo puede decretar la erradicación del paro asignando a cada ciudadano una cartilla y un puesto de burócrata, pero es incapaz acabar con la productividad.

A tenor de las estadísticas oficiales, el auténtico edén laboral no reside en Suiza, Luxemburgo ni Dinamarca, sino en Pionyang y La Habana. Corea del Norte declara con orgullo un desempleo del 0%, mientras que los modelos homologados para el Caribe revolucionario apenas reconocen un modesto 2% de paro. Quien se limite a juzgar la salud de una economía o el bienestar de un pueblo por la sacrosanta tasa de desempleo concluiría que el modelo comunista es una máquina de integración social imbatible frente a las cifras de España —instalada crónicamente en el entorno del 11% o 12%— o de Marruecos, que ronda el 13%.

El problema, claro está, reside en confundir la mera ocupación del tiempo con la generación de valor. Frédéric Bastiat ya advertía en el siglo XIX contra la vieja falacia de convertir el trabajo en un fin en lugar de un medio: poner a media población a cavar zanjas para que la otra media las tape garantiza un pleno empleo indiscutible en los registros, pero no produce un solo mendrugo de pan. El estatismo puede decretar por ley la erradicación del paro asignando a cada ciudadano una cartilla y un........

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