Crecimiento sin riqueza: la ilusión contable de la economía española
Crecimiento sin riqueza: la ilusión contable de la economía española
El optimismo gubernamental responde a la combinación del impulso demográfico con el mantenimiento de una política fiscal netamente expansiva.
Existe una vieja máxima en el análisis macroeconómico que sostiene que lo que no se mide no se puede gestionar, pero también que lo que se mide mal termina conduciendo al autoengaño. En los últimos tiempos, la conversación pública española se ha instalado en una suerte de triunfalismo estadístico. A tenor de las periódicas revisiones al alza de las previsiones de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) formuladas por el Gobierno, parecería que la economía nacional atraviesa un momento de vigor envidiable. Sin embargo, al confrontar esta narrativa institucional con el rigor de la contabilidad nacional y el diagnóstico de análisis independientes como el Informe Económico de Atenea, la realidad que emerge es sensiblemente distinta y mucho menos halagüeña.
El primer fallo de lectura reside en confundir la expansión de la masa con el aumento de la eficiencia. Como pone de relieve el citado informe, el crecimiento reciente de la economía española no es de carácter intensivo —aquel que deriva de la innovación, el aumento del capital por trabajador o la mejora de la Productividad Total de los Factores—, sino estrictamente extensivo. La economía se agranda sencillamente porque hay más personas consumiendo y más horas agregadas trabajadas, al calor del flujo demográfico e inmigratorio.
Producir más porque somos más no es sinónimo de enriquecimiento; es una mera suma de magnitudes. Llevado al absurdo, si la España del siglo XVI hubiese pasado de sus 7 u 8 millones de habitantes a los casi 49 millones actuales sin haber incrementado un ápice la productividad de cada trabajador, el PIB agregado se habría multiplicado por casi 7. Teniendo en cuenta esa lógica, la........
