Milagro en el Carraixet
Barranco del Carraixet a su paso por Vinalesa (l'Horta Nord). / José Manuel López
Para limpiar el Carraixet, a su paso por Alboraia, el alcalde Chavarría inició hace un año el camino por un laberinto que ríete tú de El jardín de los senderos que se bifurcan borgiano. Aquí los senderos no se bifurcan por el tiempo y el espacio sino que los va fragmentando la administración, papel a papel, trámite a trámite, espera tras espera. Cuando todas las administraciones se hayan puesto de acuerdo, el alcalde Chavarría habrá que licitar la cosa, y tal vez después de licitarla cosa aún quede algún rastro imperfecto de los trámites anteriores y haya aún que repararlo. Uno cree que lo mejor que puede hacer el alcalde en estas circunstancias es ponerse a rezar. Rezar ha de ser la única ventana eficaz que deja abierta la inhóspita burocracia para evitar los desastres que impone la naturaleza. Rezar como hace siglos y siglos, con voluntad medieval y devota, mediante un concierto de plegarias, un procesionar al santo o la virgen, un acudir a la ermita dels Peixets en romería, un entonar salmos o entonar lo que haga falta. Una súplica al más allá para que no despliegue un temporal destructor como suele suceder por estas fechas y por estas geografías, dado la parte del asunto -el tener bien dispuestos los elementos terrenales para contrarrestar su furia- que es responsabilidad de los humanos, pues, en fin, vamos a dejarlo estar. La burocracia se impone al propósito de los humanos y al mandato de la naturaleza. El papelito, el cuño, la firma. La burocracia administrativa ha pasado de ser un ejercicio garantista, el control obligado para los desbarajustes individuales y la........
