No a todo
Memorial en Londres con imágenes de los miles de caídos en Irán en las protestas contra el régimen de los ayatolás. / NEIL HALL
La muerte me persigue en el último mes. Nunca había visitado tantos tanatorios en tan poco tiempo. Nunca había estado tan cerca del abismo. He tocado la muerte. La he mirado a la cara. He visto el tránsito de la vida a no sé qué. He sentido el paso del calor al frío. Y no creo ser hoy mejor persona. No creo saber más. No creo tener alguna certeza más. En el último mes la muerte me rodea y sigo estando vacío de seguridades.
La destrucción me pisa los talones y creo que he tenido algo que ver hasta en la última guerra. Como si el mal fuera conmigo, en mi mirada, a mi vera.
Es tiempo de No. No a la guerra. No a Trump. No a los ayatolás. No al fundamentalismo religioso. No a la barbarie. ¿Cómo se combinan todos esos noes que soy capaz de gritar de carrerilla? ¿Es mejor una guerra injusta (si alguna no lo es) que el mantenimiento de un régimen tirano que oprime a los contrarios, somete a las mujeres y ejecuta a quien se le opone? Las respuestas no son fáciles, pero estaría dispuesto a aceptar el uso de la fuerza con un fin digno. El problema de esta guerra es que cualquiera tiene muchas dudas de sus objetivos. ¿La libertad, la democracia en Irán? Trump y Netanyahu no son garantes de esos conceptos. El americano incluso ha verbalizado que no pretende un cambio de régimen: basta con un gobierno sumiso a sus dictados.
Es tiempo de No. No a España, dice Trump. No a la ONU, dice cada vez que puede. No al orden y al mundo en el que nos hicimos, es su mensaje.
Escuchas el pleno del parlamento valenciano esta semana y el esquema es el mismo: lleno de noes. No a Mazón, no a Pedro Sánchez, no a Oltra. no a Barcala. Y no a la guerra, claro. No, no y no. No a todo. Y un mundo lleno de noes oscurece, ennegrece, es triste. El No es restar, eliminar y borrar. Es el esquema de los que ansían destruir el sistema. Su sueño es un choque de noes.
Hay momentos oscuros en que es necesario gritar ‘Diguem no’, pero con la certeza de que es algo pasajero, que se construye con síes.
El sí es ilusión, posibilidad, potencia de ser, proyecto y acuerdo. El sí es esperanza. La que falta.
El discurso poderoso de hoy es el del No. Estamos en la destrucción. Hemos visto cosas increíbles, como el torpedo a un buque de Irán, destruido, hundido, volado por los aires. Más de un centenar de vidas segadas. Como si no importaran. Porque cuando alguien es catalogado como enemigo deja de ser persona. Es la ecuación del horror a la que nos exigen acostumbrarnos. La dignidad, es verdad, es no dejarse llevar y no cerrar los ojos, pero conviene ofrecer algo.
"La cola que une este mundo caótico es un salvaje capitalismo global"
"La cola que une este mundo caótico es un salvaje capitalismo global"
Persigo porqués. Y me obsesionan las razones económicas, porque la cola que une este mundo caótico es un salvaje capitalismo global. Detrás del Trump alocado e impredecible hay un proyecto económico. Hay interés. Hay porqués. ¿Por qué un presidente que gana clamando contra las intervenciones en el exterior y prometiendo atención primero a los americanos se lanza a una carrera de acciones militares en otros países? Hay algo que se ve pronto: su producción de recursos petrolíferos y gasísticos resulta beneficiada y está obstaculizando además los recursos energéticos y las posibilidades de crecimiento de su gran enemigo, China. Hay otras posibles razones que no se ven con tanta nitidez. Algunos expertos vienen alertando de la germinación de una gran crisis en Estados Unidos, porque ni se está produciendo la anunciada reindustrialización ni la prometida resurrección de la agricultura. Son dos de las anclas sobre las que se aupó el movimiento MAGA de Trump. Al final, todo es más complejo que unos aranceles aquí y allá. ¿Surgirá el descontento en la calle? ¿Será real la resistencia? Un primer examen serán las elecciones de noviembre. El foco, mientras tanto, está fuera ahora de esa América profunda y enferma por designio de Trump.
No hay que dejar pasar las conexiones de lo que pasa al otro lado del Atlántico con este viejo continente. El movimiento Trump se ha construido sobre la destrucción, empezando por la de los hechos objetivos. Después, reglas, procedimientos e instituciones. Hoy parece que EE UU se sostiene sobre un presidente y sus órdenes ejecutivas que vemos firmar con un rotulador grueso y exhibir a la cámara como un emperador romano subía o bajaba el pulgar. Esos espectáculos en el despacho Oval rodeado de acólitos, todo supeditado a la palabra del gran hombre, son la expresión de la nueva manera de presidir: caudillista.
Europa debe estar alerta a estos procedimientos de destrucción de reglas e instituciones. Europa debería a empezar a construir una hipótesis de Sí.
Es tiempo de No y no podemos correr mientras la muerte nos persigue. A mí, me persigue.
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