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Una contrarreforma electoral: Entrevista a Arturo Núñez,José Woldenberg y Luis Carlos Ugalde

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25.02.2026

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Nuestro actual sistema electoral permitió el triunfo morenista en todos los ámbitos (alcaldías, diputaciones, senadurías, gubernaturas y finalmente en la presidencia de la república). Es un claro ejemplo de que el sistema electoral funciona. Sin embargo, Morena quiere cambiarlo. ¿Para qué si funciona bien? Para que no exista la posibilidad de que pierdan el poder. Morena en esto sigue la ruta de otros partidos populistas en el mundo: se valen de procedimientos democráticos para terminar con la democracia.

Tres actores de primera importancia analizan para Letras Libres lo que puede ser la reforma electoral del gobierno de Claudia Sheinbaum y la califican de una reforma regresiva y violatoria de los derechos políticos y por tanto de los derechos humanos de los mexicanos. Arturo Núñez (director general del Instituto Federal Electoral, 1993-1994), José Woldenberg (consejero presidente del IFE, 1996-2003) y Luis Carlos Ugalde (presidente del IFE, 2003-2007) ofrecen a nuestros lectores una visión crítica de lo que parece ser una reforma electoral innecesaria cuya finalidad es la de perpetuar al partido gobernante en el poder.

Arturo Núñez: Una reforma regresiva y antidemocrática

No hay ley electoral perfecta, sin embargo, ¿consideras que es necesaria en estos momentos una nueva reforma electoral? A partir de lo que se ha dado a conocer por la comisión presidida por Pablo Gómez y por las declaraciones de la propia presidenta, ¿qué crees que sale sobrando y qué es necesario que contenga la nueva reforma electoral?

Efectivamente, no hay sistema electoral perfecto. Nuestro sistema electoral requiere algunos ajustes obligados a raíz de lo sucedido en los últimos años. Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es ¿cuál reforma? Si bien a la fecha no se ha presentado formalmente una nueva iniciativa sí contamos con la que presentó el presidente López Obrador el 5 de febrero de 2024. Claudia Sheinbaum no ha presentado una iniciativa gubernamental ni tampoco su partido. Ella al parecer tiene el propósito de presentarla y para tal efecto constituyó una comisión de reforma electoral con elementos afines al gobierno de Morena y al partido oficial. Vuelvo a mi punto inicial: ¿cuál reforma? Lo que empezamos a visualizar –a partir de la propuesta heredada de López Obrador y de lo que ha ido apareciendo a cuentagotas en los medios– parece ser una reforma profundamente regresiva y antidemocrática.

Es la primera vez, desde la reforma política que presentó Jesús Reyes Heroles en 1977, que no se toma en cuenta a la oposición. Las reformas previas se hicieron a partir de propuestas de la oposición. El gobierno organizaba consultas, deliberaciones y debates para escuchar las propuestas de los opositores, y muchas se tomaron en consideración. Esta vez se trata de una reforma promovida y surgida desde el oficialismo. No se han hecho consultas colegiadas, participativas, plurales y pluripartidistas que permitieran tener el punto de vista de todos los jugadores del proceso electoral, lo que de entrada provoca suspicacia. Los contenidos de los que se está hablando refuerzan la sospecha. Se quiere reducir o desaparecer las diputaciones, las senadurías, las diputaciones locales y las regidurías de representación proporcional en los órdenes de gobierno, en la federación, lo cual distorsionaría la representación porque la mayoría es certera para decir quién gana, pero es injusta en la representación porque el que gana por un voto se lleva todo, y el que pierde por un voto lo pierde todo. El principio de mayoría es, por su propia naturaleza, excluyente. El principio de representación proporcional tiende a darle a cada participante en el proceso electoral un porcentaje de posiciones de elección que se corresponde más o menos con el porcentaje de votación obtenido en las urnas. Todos los votos valen. El paradigma de que el voto es igual para todos vale solo con el principio de representación proporcional, no con el de mayoría donde solo tienen valor los votos del que gana y no los votos de los que pierden; estos se desperdician. En cambio, la representación proporcional valida todos los votos. Desde luego, el voto en mayoría es obligado cuando se trata de cargos uninominales. No se puede tener un presidente de la república que sea 10% de Morena, 10% del PRI, 10% del pan, 10% del pt. Ahí es ineludible el principio de mayoría. Pero en los órganos colegiados, como lo son la Cámara de Diputados, la de Senadores, el Ayuntamiento, ahí la representación debe ser proporcional a la votación obtenida. Suprimirla totalmente es un despropósito que retrocedería el país al momento en que solo una mayoría imponía su criterio.

Ahora se dice que de lo que se trata es de democratizar las listas. La lista de plurinominales la presenta el partido en una circunscripción con cuarenta posiciones y a uno como elector solo le queda aceptarla con tu voto de mayoría o rechazarla. Se puede votar en contra, pero no se le puede meter mano a la lista. En algunos países se ha incorporado la llamada lista abierta en la que el elector puede cambiar el orden de los enlistados por el partido. No se puede modificar la lista del partido, pero sí el orden, para que a la hora de distribuir se pueda cambiar según las preferencias de los electores. En otros países, existe también la lista desbloqueada donde el electorno solo puede cambiar el orden de la lista del partido, sino hacer su propia lista. Pero, ojo, esto deriva en un despropósito peor que lo que ocurrió en la reforma judicial ylos acordeones. Como observador electoral participé en loscomicios de Ecuador donde utilizaron listas desbloqueadas. El elector se hincaba sobre una boleta gigantesca e iba cambiando los candidatos según su preferencia. A la hora del escrutinio, llevado a cabo por los funcionarios de casilla, se armaba un lío pavoroso, lo que provocaba retrasos en los cómputos que derivaban en la suspicacia de que se estaba haciendo fraude electoral. Un desastre.

El mecanismo de democracia interna lo han puesto a la vanguardia Argentina y Uruguay. Otros países de América Latina usan lo que se conoce como paso: votaciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. La autoridad electoral convoca a todos los partidos a que el mismo día hagan su elección primaria interna para seleccionar a los candidatos. Esa elección primaria partidista orienta por dónde viene la elección constitucional ya que se ve quién tuvo más votos de cada partido. Con este mecanismo sí participa el ciudadano sin necesidad de ponerlo el día de la elección a modificar una lista. Advierto en algunos actores gubernamentales mucho entusiasmo en abrir la lista porque eso la democratiza, y en efecto lo hace pero a un costo de complejidad para el elector y para la organización electoral.

Mencionaste que la reforma electoral, por lo que se ha visto, puede ser regresiva. Las sucesivas reformas que se realizaron iban democratizando más la ley electoral. Sin embargo, en este caso, ¿podríamos estar hablando de una contrarreforma electoral?

Sí, desde luego. Me tocó participar en la reforma electoral de 1989-90, en la que se creó el IFE. En la de 1993, en la que desaparecieron los colegios........

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