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Ninguna lengua humana puede describirla

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03.07.2026

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En el pasado solía usar la palabra “temblor”, ahora prefiero decir “terremoto” y prácticamente nunca digo “sismo”, mucho menos “seísmo”. En cualquier caso, el verbo es “temblar”.

Procopio de Cesárea, historiador del siglo VI, tiene una escueta narración de lo que pudo haber sido el más mortal de estos movimientos telúricos, ocurrido en Antioquía en el año 526. “Pues bien, poco después, cuando ya Justino gobernaba a los romanos, sobrevino un terremoto muy violento que sacudió toda la ciudad y en un momento tiró al suelo la mayoría de sus más bellos edificios, y se dice que murieron trescientos mil antioqueños”.

La cantidad es muy elevada, tomando en cuenta la población de la ciudad y el hecho de que en tal pasado no se vivía en edificios de muchos niveles. Lo bueno de los libros clásicos en las mejores ediciones, es que suelen estar plagados de notas pertinentes que nos llevan a otros libros. Tal parece que la fuente es el cronista bizantino Juan Malalas.

Muy en el estilo de la época, Malalas cuenta que la ciudad cayó por la ira de Dios. Da la fecha y hora precisa. Y cuenta que la desgracia fue tan grande que “ninguna lengua humana puede describirla”. La ira del “Señor todopoderoso en su maravillosa providencia” fue tan grande, que luego del terremoto hizo comenzar un incendio que devoró a quienes estaban bajo los escombros. “Quienes huían encontraron las llamas y quienes se refugiaron en sus casas terminaron chamuscados”.........

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