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Fementida canalla

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17.01.2026

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Recuérdame

En estas páginas de Letras Libres leí hace pocas semanas un texto de Gabriel Zaid titulado “Para un catálogo de insultos”. Me dejó pensando en la proclividad para emplear el insulto y me remonté al pasado.

Aquellos versos de “No me mueve mi Dios para quererte…”, se van encabalgando hasta decir “clavado en una cruz y escarnecido”. Escarnecer es “hacer mofa y burla de alguien”. No sé qué tan inclinados podamos sentirnos a ver a un hombre sufriendo el tormento de la cruz y encima dirigirle algunas lindezas. Leemos en Mateo:

Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Parece hasta graciosa la frase de Marcos: “También los que estaban crucificados con él le injuriaban”, como si no tuviesen suficiente con su propio tormento.

El que no supo sufrir las injurias fue el profeta Eliseo, que “después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos........

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