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19.12.2025

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Richard Feynman tiene un libro titulado El placer de descubrir. Habla de aprendizaje, búsqueda y descubrimiento científico. Luego de su premio Nobel, se dio el lujo de decir: “No veo qué importancia puede tener que alguien en la Academia Sueca decida que este trabajo es lo bastante bueno como para recibir un premio. Yo ya he tenido mi premio. El premio está en el placer de descubrir, en la excitación del descubrimiento”.

En las primeras líneas del libro declara su desinterés por las humanidades. “Siempre he estado muy sesgado hacia la ciencia y cuando era joven concentré casi todos mis esfuerzos en ella. No tenía tiempo de aprender ni tenía mucha paciencia con lo que se denominan las humanidades, incluso si en la universidad era obligatorio seguir cursos de humanidades. Hice todo lo posible para no tener que estudiar mucho ni trabajar en ello.”

Quienes estamos enamorados de las humanidades, pensamos que se perdió de algo bello e importante; pero no hay modo de juzgarlo mal, pues puso su mira en la ciencia y se dedicó a ello y logró lo que logró. Si desarrolló los diagramas que llevan su nombre para ilustrar la “vida” de las partículas subatómicas, es justo que no haya memorizado ningún soneto de Shakespeare.

En ciencias o humanidades hay placer en descubrir, averiguar, aprender y crear.

En Los Buddenbrook, tenemos un personaje al que se le ilumina la conciencia tras esforzarse en entender un libro de Schopenhauer. Luego leemos:

La actividad de su cerebro cesó, el conocimiento que había vislumbrado se desvaneció, y su interior volvió a quedar vacío, sin nada más que oscuridad muda. “¡Pero regresará!”, se decía. “¿Acaso no lo he poseído?” Y, mientras sentía cómo iba perdiendo la........

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