A sus pies
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¿Es virtuoso conocer las propias limitaciones y debilidades? ¿O acaso será preferible conocer las fuerzas y capacidades?
Entre las virtudes capitales se encuentra la humildad. Es mi costumbre acudir a los diccionarios para establecer el acuerdo sobre un término. Aquí, las autoridades del siglo dieciocho, la definen como “una virtud que nos aparta de la soberbia, y nos inclina a la sumisión y al abatimiento delante de los superiores, y de aquellas personas que respetamos; pero entre los cristianos se entiende como una virtud interior que nos hace conocer que no somos nada delante de Dios”. El DRAE contemporáneo nos dice que es “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. No por ser diccionario laico habría de omitir lo que significa tal virtud en el cristianismo.
Pero los diccionarios suelen omitir consideraciones grecofilosóficas, pues con la dialéctica de Sócrates acabaríamos por reconocer que no sabemos qué es la humildad y con la aurea mediocritas de Aristóteles concluiríamos que la virtud se halla a medio camino entre la humildad y la soberbia.
Triste es la etimología de humildad, que viene de humus, o sea, tierra. El humilde se arrastra en la tierra.
¿Es virtuoso conocer las propias limitaciones y debilidades? ¿O acaso será preferible conocer las fuerzas y capacidades?
Va un socratismo sin tanto diálogo: si la........
