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Entrevista a Philipp Blom

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18.01.2026

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En Gente peligrosa, usted dice que hay una corriente más interesante de la Ilustración que la versión más conocida, una Ilustración radical.

La versión que hemos aprendido de la Ilustración, la que ha pasado a los libros de historia, el movimiento de Kant y Voltaire, es la del culto a la razón. En realidad, se trata de una forma secularizada del cristianismo. La razón sustituye al alma: es la mejor parte del hombre, un elemento inmaterial. Uno debe resistir los impulsos eróticos porque ponen en peligro la razón. Es el catolicismo con otra capa de pintura. Aparecen la idea del alma, de la separación entre la mente y el cuerpo, la idea de que debemos subyugar la Tierra porque nos pertenece, la idea de que la historia tiene un objetivo y de que hay un progreso inexorable. En realidad, no están contando una historia distinta sino que la cuentan con otras palabras.

A su juicio, algunas de esas ideas son erróneas e incluso nocivas.

En el siglo XVIII o cuando se escribió la Biblia, la idea de la subyugación de la Tierra no era tan peligrosa: había poca gente y había poco desarrollo tecnológico. Hoy somos muchos más, creamos grandes problemas y la idea de subyugar la Tierra ya no nos sirve; debemos aprender a vivir con ella, a ser parte de ella. No somos la corona de la creación, sino un animal quizás un poco más listo y algo más interesante. No deberíamos darnos demasiada importancia. No podemos destruir el planeta, ni siquiera dañarlo seriamente. Solo podemos destruir la diminuta franja de condiciones en la que nuestra vida como especie es posible.

Al mismo tiempo, la tecnología progresa continuamente, pero hemos visto que eso no anula las oleadas de extremismo religioso. Hay gente que combina la tecnología del siglo XXI con el pensamiento del siglo XI. No parece que haya un progreso inexorable.

Finalmente, otra idea muy dañina es una genialidad del cristianismo: todos tenemos impulsos concretos, en particular impulsos sexuales. Por tenerlos, eres malvado y estás condenado a un sufrimiento eterno. Para lograr el perdón, debes recurrir a nosotros, a los sacerdotes. Si no, estás condenado para siempre. Es un asombroso truco de marketing. Ha funcionado durante milenios. Lo malo es que ha hecho infelices a una gran cantidad de personas y ha justificado el asesinato de mucha gente.

¿Por qué esa versión de la Ilustración es la que tuvo más éxito?

Permitía a la burguesía controlar el poder. Ofrecía una justificación: los trabajadores, a diferencia de la burguesía, no son racionales, mientras que nosotros sí: somos responsables y por eso debemos tener algunos privilegios. La razón está también en la ética del deber de Kant, de raíz cristiana (en su caso protestante), en los postulados. No es lógico, aunque sí cómodo. Y luego, como individuos en la sociedad, tenemos un anhelo de trascendencia. Ese anhelo fue satisfecho, en un primer momento, por la religión. Luego, por ideologías como el fascismo o el comunismo. Algunas de sus ideas podían ser bellas, pero en la práctica provocaron la muerte de cientos de millones de personas. Ahora, cuando la ideología está desprestigiada, nos despertamos del crash de 2008 y descubrimos que vivimos en otro tipo de trascendencia. Y esa trascendencia es el mercado. El mercado es todopoderoso. Debemos servirle y obedecerle. Decimos que los mercados están preocupados, que están deprimidos. Y hay que hacer sacrificios –por ejemplo, despedir a gente– para que estén contentos otra vez. Como si fueran una deidad.........

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