Cuentos para un confinamiento: Beatriz
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[En los libros de Javier Tomeo abundan los encierros y la incomunicación. En el año Galdós, el novelista canario parece un autor fantástico y Tomeo se ha convertido en un escritor realista. Este cuento, que salió por primera vez en un libro de homenaje al autor de Amado monstruo, juega con elementos de su imaginario.]
Para empezar, nunca me pareció que tratara bien a Beatriz. No me gustó su forma de presentármela, con un orgullo zafio que no era propio de personas de nuestra condición. De vez en cuando, le daba un pellizco en el culo o una palmada soez delante de mí. Últimamente me parecía que estaba desmejorada: con una mirada melancólica, mal vestida y el pelo sucio. Todo eso no habría justificado mis acciones. Pero no me arrepiento: hacer caso omiso de lo que ocurrió en ese momento habría significado pasar por alto la teoría neoplatónica del amor, a la que, como a tantas otras cosas, Fernando y yo habíamos dedicado años de estudio.
Por supuesto, es posible –aunque poco probable– que yo me hubiera equivocado o que hubiese leído mal los signos de la realidad, y que lo que tomé por una mirada de amor recíproco gracias a la cual nuestras almas quedaban respectivamente impresas en los ojos del otro fuera simplemente un malentendido. Quizá ella estaba pensando en otra cosa, a lo mejor la luz de la tarde que entraba por la ventana y caía sobre el sofá era engañosa........
