El fin del partido de las Farc: Comunes no se tomó el poder
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El partido que nació para que la guerrilla más antigua y poderosa de América Latina dejara las armas para hacer política en el Congreso llega a su fin. Se termina con mucho menos ruido de cómo nació.
Las cinco curules en Senado y las cinco curules en Cámara de Comunes, que se pactaron en el Acuerdo de Paz con el gobierno de Colombia, fueron el foco de una de las rupturas más grandes en Colombia. El Sí y el No en el plebiscito giraron en buena parte alrededor de ese tema. Este pasado 8 de marzo, Comunes perdió su prueba de fuego en las elecciones. Tras ocho años de curules fijas, por primera vez se tenían que sostener con sus propios votos para mantener la personería jurídica del partido Comunes. No lo lograron, incluso como parte de una coalición con Fuerza Ciudadana.
El balance es claro: esta organización no logró tomarse el poder militarmente y tampoco convenciendo siquiera a los suficientes colombianos por la vía política como para mantenerse en el Congreso. Los líderes de Comunes dicen que dejaron la guerra por la política y que seguirán buscando caminos para seguir haciéndola a pesar de no tener la personería jurídica. Durante ocho años, su paso por el Congreso deja pocas cosas para recordarlos, más allá de haber llegado.
Anatomía del fin de Comunes
Uno de los puntos de mayor polémica alrededor del Acuerdo de Paz de 2016 fue la participación política de las Farc en el Congreso. Cuando los opositores a esa negociación ganaron el plebiscito, una de sus exigencias era que los líderes guerrilleros no ocuparan una curul en el Congreso. Aunque inicialmente Juan Manuel Santos prometió en campaña que no habría curules, al final el gobierno se las ofreció a las Farc porque si no hubiera arruinado el proceso de paz.
“Nosotros no firmamos un acuerdo cultural, económico o un acuerdo jurídico, firmamos un acuerdo político. Nuestra participación política en el Congreso es de lo más importante que hemos logrado”, dice la senadora Sandra Ramírez, quien fue la compañera sentimental del histórico jefe de esa guerrilla Manuel Marulanda y la única candidata firmante de paz que aspiró quedarse en el Senado a voto limpio.
El excomisionado de paz, Sergio Jaramillo, que lideró la negociación con esa guerrilla también reconoce que los ocho años de esas curules eran esenciales para el proceso de paz. “Hay que recordar que ninguna parte del mundo ha abierto un proceso de paz exitoso con una guerrilla o una insurgencia, que no implique su transformación en un movimiento y en un partido político. Ese es el corazón del trato”, dice.
Pero ese punto del acuerdo fue altamente polarizante. “Le van a entregar el país a las Farc”, fue el san benito que los opositores al acuerdo de paz repitieron una y otra vez. Tras 10 años del acuerdo de paz y 8 años de excombatientes de las Farc en el Congreso, el declive electoral y político de Comunes era un hecho, así como el resultado de este domingo era........
