Bajemos la voz y subamos el criterio
La democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo una de las mejores construcciones humanas. No es una promesa mágica ni un estado permanente de perfección; es un proceso vivo que exige ejercicio, cuidado y, sobre todo, criterio ciudadano. Precisamente por eso debemos insistir en una consigna que suena a provocación y, sin embargo, es urgente: bajemos la voz y subamos el criterio.
En nuestros países, la realidad es acumulativa. Cosechamos lo que sembramos. Si este miércoles prima la estridencia —gritar, imponer miedos, difundir mentiras con interés partidario— es porque, poco a poco, hemos permitido que esa dinámica crezca. Nuestra pasividad e indiferencia han favorecido el terreno fértil para la manipulación. No hemos cultivado lo esencial: pensar, compartir argumentos, formar y difundir criterios propios. Y, sin criterio, la opinión pública se sustituye por el ruido.
La reciente contienda electoral peruana y procesos similares en la región dejan ver con crudeza cómo la polarización nubla la posibilidad de decidir con conocimiento.........
