De la convicción a la obligación
Hubo un tiempo —no tan lejano— en que Bolivia podía nombrar sus jornadas electorales como una “fiesta democrática”. Se trataba de un ritual colectivo reconocible: la participación como expresión de coincidencia de que nuestras diferencias podían tramitarse mediante urnas. Hoy, en cambio, entre el cambio de ciclo nacional, el giro ideológico regional y la crisis global de la democracia, asistir a las urnas se va volviendo menos un acto de convicción y más una obligación constitucionalizada.
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Las Elecciones Autonómicas 2026 no escapan a ese clima. Si algo quedará en la memoria de este proceso no será la aparición de liderazgos o propuestas, sino esta sensación persistente de fatiga e incertidumbre política, donde lo sustantivo queda desplazado: el debate sobre el llamado 50/50 —que quiso ser un eje estructurante— terminó diluido entre consignas y polémicas, con un gobierno........
